El anuncio por parte del Gobierno, de que Salvador Illa, ministro de Sanidad, va a dejar su puesto para ser candidato del PSC en las próximas elecciones autonómicas catalanas, da para escribir mucho. Demuestra entre otras cosas, una gran dosis de oportunismo de nuestro infame presidente del Gobierno, pues considera que Illa se ha hecho muy popular y que eso hay que aprovecharlo. Parece que lo importante en la política actual, es salir mucho en las TV, y no si la gestión que ha llevado a cabo en su ministerio ha sido buena, aceptable, o como en este caso, catastrófica. Sánchez supedita todo, al tacticismo y al rédito electoral.
También es bastante chocante que, en el comienzo de la tercera ola de la pandemia, se releve a la persona que supuestamente debe estar al tanto de todo, y que llegue otra que va a estar bastante perdida hasta que le informen de todo.
El PSC-PSOE necesita obtener en Cataluña los votos necesarios para que sumados a los de ERC y Podemos, puedan formar un tripartito que de seguro, gobernaría como un ejecutivo independentistas más. La prueba de ello, es que el ilegítimo morador de La Moncloa insinúa los indultos inminentes de los golpistas y alimenta el mal llamado “soberanismo”, pues es, independentismo, separatismo.
Y lo más cabreante de todo, es que esos que va a indultar Sánchez, son tratados como víctimas de un Estado injusto, por parte de la izquierda y de todos esos medios de comunicación, adictos y/o comprados mediante subvenciones que salen del dinero de todos los españoles, cuando ellos, ni se han arrepentido de lo que hicieron y afirman que lo van a volver a hacer. Sánchez debería sentarse en un banquillo por lo ha hecho y por lo que va a perpetrar.