Mientras que Juanma Moreno nos confirmaba que las elecciones andaluzas iban a ser antes del verano, en junio, Juan Espadas, ese desconocido que es el candidato del PSOE a la Junta, ese que colocó a su señora en un conocido chiringuito corrupto de su partido con un gran sueldo y “sin trabajar”, se atrevió a colarse en el balcón del ayuntamiento de Sevilla mientras que el capitán bético levantaba la Copa del Rey ante una Plaza Nueva repleta de aficionados, se le veía en un extremo del balcón con cara de pillo y queriendo aprovecharse mediáticamente de lo conseguido por el Real Betis.
Todas las encuestas dicen, que PP y Vox conseguirían una amplia mayoría en Andalucía, hundimiento espectacular de Ciudadanos, que podría hasta desaparecer y sonoro batacazo de socialistas y comunistas, algo muy lógico, pues los andaluces no olvidan que la izquierda les robo durante cuatro décadas. Acaba de saberse que uno de los EREs fraudulentos se firmó en una sede del PSOE, concretamente en Fuenteovejuna (Córdoba).
Juanma Moreno estará en disposición de revalidar su mandato en la Junta de Andalucía si se celebrasen ahora elecciones, aunque tendría que cambiar a su socio de Gobierno: Vox por Ciudadanos.
Al PP le vaticinan 45 diputados, y a Vox 16 sin contar con su amplio voto oculto, voto que le podría llevar hasta los 25 en función de si Macarena Olona es la candidata según otros sondeos, y que le restaría al PP. El PSOE rondaría los 30 diputados, y la suma de los tres partidos de extrema izquierda podría no llegar ni a la docena de diputados. El centro derecha arrasaría.
El PP tendría que formar gobierno con Vox, como lo hizo en Castilla y León, o arriesgarse a repetir elecciones, pues parece absurdo pensar, que Vox le apoye en una investidura para que gobiernen minoría.