Faltan pocas fechas para que nuestro país reciba la visita del Papa, Jefe Espiritual de la Iglesia Católica y Jefe del Estado Vaticano, con motivo de la celebración de la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ).
Este acontecimiento va a hacer que recibamos a un gran número de visitantes procedentes de todo el mundo con el beneficio que eso supone para nuestra economía. Y qué decir de la promoción turística que España va a conseguir al aparecer en todos los medios de comunicación de nuestro planeta por este hecho.
Conviene recordar que en la última encuesta que realizó el CIS, abordando el tema religioso, casi tres de cada cuatro españoles se sienten católicos, eso sí, la mayoría de ellos no practicantes. También conviene tener en cuenta que cada vez más españoles ponen su cruz en la casilla de su Declaración de la Renta para ayudar a la Iglesia Católica.
Tras esta introducción creo que podemos afirmar, sin temor a equivocarnos, que la gran mayoría de los españoles se consideran católicos, y por lo tanto, se supone que felices de que el Papa nos visite.
Abordo este asunto con la ventaja, de por una parte, ser católico, y de otra, tener una visión laica de la política.
Desde que se anunció la visita del Papa, hemos podido observar como se ha movilizado esa minoría de anticlericales que existe en nuestro país, con sus asociaciones y con el apoyo, haciéndoles de altavoz, de la izquierda más o menos radical.
En gran parte de la izquierda subyace una intolerancia atroz contra todo lo que huela a Iglesia Católica, cuando curiosamente es una institución que respeta escrupulosamente el sistema de libertades que nos hemos dado y los derechos humanos. En cambio, estos individuos muestran sorprendentemente su simpatía hacia otras religiones que vulneran sistemáticamente esos derechos humanos e incluso utilizan la violencia por norma.
Confiemos en el buen juicio de nuestros gobernantes, que son los responsables de garantizar la seguridad de la JMJ, no permitiendo ningún acto público de índole anticlerical que pudiera desembocar en un enfrentamiento con los que solo acuden en paz y alegremente a dar testimonio de su fe.
Además, todo tiene fácil solución, si no te gusta algo, no vas, pero dejas ir a los que si les gusta. Eso se llama LIBERTAD, aunque la izquierda anticlerical e intolerante no lo entienda.
Estoy de acuerdo con tu artículo de hoy. Has dado en el clavo.
Espero que esta visita del Papa traiga todo lo bueno que esperamos y que el Gobierno corte todo lo que pueda empañarla.
La Libertad es tan importante. Si no te gusta algo no lo hagas, pero respeta a los demás.