Somos una de las grandes
potencias turísticas mundiales, y lo somos, por ofrecer servicios turísticos de
alta calidad y unas infraestructuras de primera categoría. Pero no es solo eso,
también ofrecemos un variado e inigualable patrimonio cultural,
naturaleza, un privilegiado clima, y
sobre todo, un trato muy agradable.
Por ello, cada vez vienen
más turistas, y año tras año se están pulverizando todos los records. Hasta el
mes de junio, vinieron casi 37 millones de turistas que se gastaron aquí 37.000
millones de euros. El sector turístico se ha convertido en la punta de lanza de
la recuperación económica española.
El turismo es un negocio
que beneficia al conjunto de la población española, y por ello, los que por
tierra, mar y aire pretenden destruir nuestra nación, se han fijado como
objetivo atacar y destruir el que es el gran patrimonio de todos los españoles.
No se puede permitir, que
juventudes de partidos separatistas y de extrema izquierda, ataquen intereses
turísticos en Barcelona, Mallorca o San Sebastián, ya es hora de que el Estado
dé un golpe sobre la mesa y empiece a ilegalizar a organizaciones que solo
pretenden dañar la imagen exterior de España y matar a “nuestra gallina de los
huevos de oro”.
Es una pena que desde la
Transición todo se haya entendido mal. Parece que ejercer la autoridad es
franquista, y así nos va. Tenemos muchas leyes y no se aplican, porque los
acomplejados que ostentan el poder temen que les llamen autoritarios.
Siempre he defendido, y por
ello he sido muy criticado, que todos los partidos políticos cuyos objetivos
son destruir o perjudicar a nuestra nación, deben ser ilegalizados, y me
ratifico en ello. Es bochornoso, que un Puigdemont que le debe el poder a las
CUP, ni siquiera se atreva a recriminar a esa escoria los actos vandálicos de
sus juventudes, unos actos que tanto perjudican a Cataluña.
Creíamos que lo habíamos
visto todo, pues no, veremos cosas mucho peores, os lo aseguro, y todo seguirá
así hasta que alguien se decida a meter en vereda a tanto malnacido que desde
la política pretende infligir, a España y a todos los españoles, el mayor daño
posible.
