Tras más de un mes de arresto
domiciliario, gracias a la clamorosa dejación de funciones, irresponsabilidad,
e inutilidad del Gobierno de España, con la economía parada y con la mayor tasa
de mortalidad y personal sanitario contagiado del mundo, y con lo que eso
significa, de esta vamos a salir desde luego peor que nadie, y va a ser así,
porque estamos gobernados por personas a las que los muertos les dan igual con
tal de perpetuarse en el poder. Si no, mirad la masacre que están permitiendo
en las residencias de nuestros mayores.
Aprovechan las competencias
extraordinarias que les otorga el Estado de Alarma para colarse en el Centro
Nacional de Inteligencia, aprueban decretos ley que nada tienen que ver con
esta crisis sanitaria y tantísimas cosas más, y ya no solamente nos han
arrebatado la libertad de movimientos, sino que lo verdaderamente preocupante
es la censura y mordaza a la que estamos siendo sometidos, nos están
secuestrando la libertad de expresión, primero fue la consigna de la unidad y
la lealtad institucional como forma de señalar y hacer sentir culpable a todo
aquel que discrepaba del relato único, posteriormente, el cierre del Congreso
dónde reside la soberanía nacional y dónde se ejerce el control del gobierno,
luego la propaganda de los medios previamente sobornados que están al servicio
del régimen y han querido transformar la indignación en emotivismo utilizando
los aplausos de los balcones para blanquear y tener a la ciudadanía
narcotizada, y ahora, censura en las redes sociales por parte de empresas que
se erigen como jueces supremos de la verdad, Ana Pastor Ferreras, Roures y
compañía, dictan lo que es verdadero y lo que es falso, y todo aquello que se
la aleja de sus intereses partidistas y políticos es considerado discurso de
odio o bulo, estamos señalados y vigilados como en la Alemania nazi, en estos
momentos y ante la indefensión tan brutal que estamos viviendo.
Tenemos que llevar muchos más
lejos nuestra indignación, se tiene que transformar en actos concretos de
rebeldía, debemos alzar la voz pues nos estamos jugando un futuro en libertad o
pisoteados.
