Para saber cual es la realidad de esta nación que fue grande en el pasado y que unos cuantos deseamos que lo vuelva a ser en un futuro próximo, solo basta con ver uno de los informativos de cualquier canal de TV. Un Gobierno que cambia el Código Penal a la carta según cuales sean los deseos de esa banda de partidos antiespañoles que permiten que Pedro Sánchez siga residiendo en La Moncloa. Menos mal que ningún golpista, que sepamos, no ha atracado ningún banco, porque todos los atracadores de bancos que cumplen pena “estarían tocando las palmas, eufóricos” vislumbrando el cambio legal y su próxima libertad. Por lo visto, ahora toca cambiar para disminuir las penas por el delito de malversación, así de paso, el capo de la corrupción del PSOE en Andalucía, Griñán, también se librará de entrar en prisión.
Y qué me decís de lo de Baleares, donde su Tribunal Superior de Justicia le deniega a un padre de Mallorca que su hija pueda recibir, al menos, un 25% de clases en español. Un escándalo mayúsculo que demuestra que mientras entre los jueces de a pie, hay honrados profesionales, pero en los altos tribunales hay demasiados jueces infectados por la degradación política que sufrimos.
Cada vez pagando más impuestos, cada vez más pobres, nuestras calles, cada vez más inseguras, en los colegios, adoctrinando en el mal a nuestros hijos y nietos, y lo más preocupante es lo que nos quitan a nosotros para dárselo a quien acaba de llegar, legal o ilegalmente ¿qué tiene que pasar para que esta ciudadanía anestesiada despierte?
Escucho últimamente una frase que me preocupa mucho, esa de que “¿para que voy a votar a otro partido si todos son iguales?” porque significa que se ha tirado la toalla y que vamos a permitir que los de siempre nos sigan exprimiendo.