Desde mi absoluto respeto a Felipe VI, mi rey, y a raíz de las muchas declaraciones efectuadas por los distintos líderes políticos y periodistas de distinto pelaje, valorando sus palabras, debo decir, que lo primero que debemos saber, es que nuestro rey no elabora un discurso y lo dice libremente, pues siempre lo remite a La Moncloa donde es modificado o censurado, como queramos llamarlo, por lo que el resultado no es exactamente lo que Su Majestad querría haber dicho.
Partiendo de eso, es muy difícil poder juzgar sus palabras, pues nunca sabremos si es de cosecha suya o no. Desconociendo esto, podemos llegar a pensar que el rey se equivoca haciendo un discurso que le satisfaga a la izquierda, ya que precisamente ellos son los que han elegido como socios a los más encarnizados enemigos de la monarquía.
Al final, solo se le permite a nuestro rey, hacer un discurso buenista, pero que poco tiene que ver con las graves crisis en la que está inmersa España, nuestra Nación, nuestra patria, nuestro país, al gusto de quien lo diga. Estamos instalados en una profunda crisis nacional, en una profunda crisis institucional, en una profunda crisis democrática y, sobre todo, estamos instalados en la más absoluta desigualdad por el solo hecho de vivir en una u otra autonomía. Si ni siquiera pudo tener un recuerdo para la familia de Canet de Mar, es simplemente porque no le dejan.