Nuestro despreciable Gobierno socialcomunista y sus cómplices, separatistas y proetarras, perpetraron con éxito ayer en el Congreso de los Diputados la primera de las tres fases destinadas a desconectar las instituciones del Estado de Derecho. Mientras eso sucedía, en el Tribunal Constitucional, su presidente, González Trevijano, era amenazado por ese “sicario con toga”, el socialista, Conde Pumpido, quien pretendía evitar y evitó, que el Tribunal Constitucional impidiera que se celebraran en el Congreso las votaciones destinadas a iniciar un claro y evidente golpe de Estado contra la legalidad democrática y constitucional.
Ese cobarde elevado a la enésima potencia que presidio el Gobierno de España, Mariano Rajoy, puso en el TC a personas igual de tibias que él y ahora queda demostrado. El Constitucional se reunirá el lunes y, o evita que llegue al Senado el día 22 lo aprobado ayer en el Congreso, o podemos afirmar con rotundidad que el Régimen del 78 está finiquitado.
Mientras en el Congreso se cometía semejante desafuero, Sánchez estaba en las instituciones comunitarias convenciendo a la UE de que los golpistas eran los partidos constitucionalistas españoles, mismo guion que empleó aquí toda la canalla golpista del Congreso. No entiendo por qué Feijóo, que ayer estaba libre al no ser diputado, no estaba también en Bruselas contando toda la verdad de lo que estaba sucediendo en España y contrarrestando las mentiras del traidor que habita La Moncloa.
Anticipándome a lo que pueda suceder el lunes en el pleno del TC, de entrada, pienso que los magistrados de izquierdas podrían hasta no asistir, evitando así, al no haber quorum, que el Constitucional pueda parar el inminente Golpe de Estado.
Las duras y certeras palabras que pronunciaron ayer, Santiago Abascal, la limitada Cuca Gamarra y la “finiquitada” Inés Arrimadas, sirvieron para muy poco, ya es hora de que se coordine toda la oposición y de una puñetera vez, Feijóo entienda que a este paso las elecciones de finales de 2023 no pueden ser su meta, que hay que actuar ya. Moción de Censura, recursos ante los altos tribunales, denunciar la situación ante la UE, movilizaciones en las calles y todo lo que sea posible, o muy pronto seremos algo muy parecido a una República Bananera de las que hay ya a puñados en América y algo antagónico a cualquier democracia occidental. Nuestra democracia está a punto de considerarse como “fallida” por culpa de la acción de unos y la inacción de otros.
Y ahora toca hablar de lo más delicado ¿Qué va a hacer el Rey? ¿Si llega al Senado y se aprueba, lo ratificará con su firma aun sabiendo que será el principio del fin de la Monarquía? O por el contrario ¿Empezará a pensarse intervenir y parar esta locura en su calidad de Jefe del Estado, garante último del orden constitucional y comandante en jefe de nuestras FFAA? Desgraciadamente, pronto lo veremos. No obstante, Felipe VI debe saber, que la mayoría de los españoles estamos con él y confiamos en que tome la mejor decisión para el futuro de España, el nuestro y el de nuestros hijos.