Tengo el gusto de conocer a un empresario, uno de esos empresarios de los que aún piensan que su mayor logro no ha sido emprender un proyecto empresarial y consolidarlo en el tiempo, ni siquiera haberle dado a su familia bienestar económico y un futuro, curiosamente de lo que mas orgulloso se siente es de que su empresa “le dé de comer” como el dice, a treinta y tantas familias, y más en los tiempos que corren.
Se conoce perfectamente la vida de todos sus empleados y de sus respectivas familias, y cuando alguno de ellos tiene problemas de cualquier índole siempre esta dispuesto a echar un cable.
Alguien puede decir con guasa que estos empresarios son como los billetes de quinientos euros, que se sabe que existen, pero que ¿donde están?
Es evidente que las empresas mientras más grandes, mas deshumanizadas. A un trabajador no se le ve como un ser humano, se le ve como una pieza de un engranaje que puede ser sustituida por otra, solo importa el beneficio empresarial por encima de todo.
Hay algo que no debemos olvidar, el ochenta por ciento del trabajo en nuestro país lo dan las Pymes y los autónomos, justamente los menos deshumanizados, y justamente los más olvidados por este gobierno en particular y por los anteriores en general.