Si, esto empieza a parecerse a una epidemia. Basta con hablar con cualquier ciudadano, independientemente de su origen o posición social, para darse cuenta del estado de ánimo reinante, de ese pesimismo general que nos atenaza.
No hace mucho tiempo se nos decía que generar confianza era lo mas importante, pero por lo visto, a fecha de hoy, el nuevo gobierno no parece haber ilusionado en demasía a los sufridos ciudadanos.
Todos esperábamos con gran expectación la Reforma del Mercado Laboral, ha llegado y los únicos que la han acogido con gran alborozo han sido los empresarios. Los sindicatos por su parte se muestran contrariados, algo lógico, les quitan poder y dinero. Pero yo me pregunto, ¿si Pymes y Autónomos crean el 80% de los puestos de trabajo, no deberían ser los sectores que más estímulos recibieran en esta reforma? Pues no, esta reforma se centra en los colectivos que ya gozan de mucha seguridad laboral – las grandes empresas y los empleados representados por los grandes sindicatos.
Me llama mucho la atención el artículo 12 del Decreto-Ley que recoge la reforma y que ha sido publicado en el BOE este fin de semana, que explica cómo, a partir de ahora, un empresario podrá reducir el salario de sus empleados «cuando existan probadas razones económicas, técnicas, organizativas o de producción», siempre y cuando estén relacionadas con «la competitividad, productividad u organización técnica o el trabajo de la empresa».
Con este cambio, darán igual las condiciones que los trabajadores tengan en su contrato de trabajo, en acuerdos o en pactos colectivos. Si la empresa va mal económicamente o se considera que el empleado no rinde lo suficiente, es posible que sus ingresos se vean reducidos. Para ello, el empresario tendrá que notificárselo con 15 días de antelación. A partir de aquí, el trabajador tiene tres opciones: la primera, aceptarlo; la segunda, rescindir su contrato con una indemnización de 20 días por año de servicio; la tercera, impugnar la decisión poniendo una demanda.
Está claro que las ventanas de la inseguridad y la zozobra han sido abiertas, muchos desaprensivos seguro que se aprovechan de ello.
Nos advierten que por el momento no se va a crear empleo, que únicamente se creará a medio plazo. Y yo me pregunto, esas familias que lo están pasando tan mal, esos ciudadanos que lo han perdido todo y que están desesperados por no poder sacar adelante a los suyos dignamente, que pensarán cuando ven como los políticos anuncian recortes para todos y ellos mantienen sus privilegios. Y que dirán cuando vean a esos políticos nacionalistas que no están dispuestos a renunciar a los gastos superfluos que permiten mantener el chiringuito de sus ensoñaciones identitarias. Y que pensarán de los continuos casos de corrupción que sacan a luz, un día si y otro también, los medios de comunicación. Esa corrupción generalizada tan culpable de la situación en que nos encontramos por el saqueo que ha supuesto de las arcas públicas.
Con esta realidad, lo mismo el pesimismo es inevitable.