Me resulta sorprendente como han reaccionado a la sentencia del Tribunal Supremo inhabilitando a Garzón. De una parte, la España conservadora ha recibido la noticia “aplaudiendo hasta con las orejas”, llena de regocijo y de euforia; de otra, la izquierda más levantisca, ha acogido la noticia con gran indignación y mostrando a la sociedad sus fuertes y peligrosas carencias democráticas.

Para unos se ha conseguido acabar con la carrera de un adversario, para otros, han expulsado de la carrera judicial a un camarada. A mi personalmente me parecen ambas posturas muy tristes y llenas de visceralidad.

Desde mi punto de vista la sentencia es incontestable y devastadora para Garzón, un fallo unánime de siete jueces con ideas muy distintas. Una sentencia que le deja claro a Garzón “que la verdad no puede alcanzarse a cualquier precio”, “que el fin no justifica los medios”, “que ha realizado prácticas propias de regímenes totalitarios”, y que “se alejó de modo arbitrario y absoluto de la aplicación razonada del Derecho”.

Ante esta sentencia la respuesta de Garzón ha sido patética y reveladora de su personalidad, simplemente se siente victima de una conspiración y se permite el lujo de despreciar e insultar al Supremo. Este individuo es un megalómano de los pies a la cabeza.

Conviene recordar que las tres asociaciones profesionales de jueces, es decir, las que representan a los jueces tanto conservadores como progresistas, han definido la sentencia como impecable.

Aún no he escuchado a Rubalcaba ni a los miembros del anterior gobierno, que le defendieron a ultranza, pedir disculpas a la ciudadanía por haber mantenido una postura contraria a la razón.

Con sus escuchas, Baltasar Garzón, vulneró gravemente los derechos que le asisten a todos los ciudadanos sometidos a una investigación criminal, a la confidencialidad de la relación con su abogado. Algo gravísimo y que ningún defensor del exjuez puede negar.

Esa parte de la izquierda que tras conocer la sentencia se ha manifestado por las calles, o no han leído la sentencia o su visceralidad les ofusca, han emprendido un camino peligroso lanzando insultos inaceptables contra los jueces del Tribunal Supremo, llegando incluso a calificarlos de fascistas, cometiendo un grave atentado con su actitud contra el Estado de Derecho.

Garzón era uno de esos personajes que parecía “intocable”, habrá llegado por fin el momento en que en España deje de haber ciudadanos que piensen que pueden vulnerar la ley y salir siempre impunes. Pronto vamos a verlo, si sobre Urdangarín no cae todo el peso de la Ley mucha gente se indignará mucho más. De momento, un miembro del CGPJ ha dicho que hay “imputados e imputados” al respecto de la petición de la Casa Real de que don Iñaki pueda acceder a declarar al Juzgado en coche, según ellos, para que no sufra las iras de los ciudadanos allí presentes. ¿No deberíamos ser todos iguales?, mal empezamos.

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