Nuestro Gobierno, tramita en el Congreso de los Diputados la Ley de Eutanasia. El Comité de Bioética de España, por primera vez, ha rechazado por unanimidad, sin votos particulares, los fundamentos que socialistas y comunistas esgrimen para justificar su aprobación.
El Gobierno no había pedido a este Comité que se pronunciase, pero estos doce expertos han considerado su obligación advertir al Ejecutivo de que la ley que pretenden aprobar, no es ética. No solo despenaliza la eutanasia, si no que reconoce la muerte como un derecho incorporable al catálogo de prestaciones de la Sanidad pública, una auténtica aberración ética.
Este Comité, aboga por la protección de la vida, el respeto de los valores individuales, la solidaridad y, sobre todo, la compasión, pues sin compasión, estiman que el deseo de una persona a poner fin a su vida cuando existe un gran sufrimiento, físico o psíquico, no se puede superar. Por el contrario, con ella, y evitándole el dolor, se le puede procurar una muerte en paz.
La izquierda pretende un gran retroceso en nuestra civilización, pues ni la eutanasia ni el auxilio al suicidio son signos de progreso, y encima se pretende que la eutanasia quede en manos del Estado. Parece claro, que la vida de los más vulnerables correrá serio peligro.
Como nuestra Sanidad pública es incapaz de proporcionar cuidados paliativos de calidad a todos los españoles que se encuentren en una situación terminal vivan en donde vivan, opta por el atajo más cruel, por el más fácil, convencerlos de que la muerte es la mejor solución. La izquierda hace tiempo que optó por la Cultura de la Muerte.