Los mismos que apoyaron con su silencio a quiénes pretendieron defenestrar a Ayuso con mafiosas artes, ahora han apoyado por “unanimidad norcoreana” al gallego Alberto Núñez Feijóo, pero el nuevo líder, no hizo justicia a la ofendida y se limitó a dejar despedirse a su verdugo. Feijóo solo habló para sus cargos y afiliados, por eso, sus posibles votantes han quedado bastante decepcionados, esos tan cabreados con nuestra realidad sanchista. Los aplausos a Rajoy, después de lo que no hizo y pudo hacer, podría darnos una idea del PP que nos espera.
Las intenciones de Feijoo de volver a las grandes mayorías, con Vox echándoles el aliento en el pescuezo en los sondeos, sonaba a “realidad paralela”. Pero lo verdaderamente insultante, fue cuando dijo que su PP es el del «bilingüismo cordial», cuando el PP gallego ha negado la libertad de elegir lengua vehicular en la enseñanza durante todo su mandato, ha practicado la inmersión lingüística.
Si Feijóo llega al liderato desconociendo que Vox surgió del rechazo de la derecha social al PP, lo tiene claro. Escuchándole, vimos como define a su partido como de centro reformista, es decir, abandona la derecha, se la deja a Vox y pretende construir los cimientos del nuevo PP en esas movedizas tierras en las que se hundió Ciudadanos.
Lo más esperpéntico del Congreso del PP fue cuando Casado afirmó “Siempre he dicho la verdad”, olvidando que las falsedades y calumnias que profirió contra Ayuso han acabado con su carrera política, ni un pequeño atisbo de autocrítica. Y también, que los asistentes aplaudiesen por igual, a la víctima y al verdugo, y a todo el que hablara, daba la impresión que lo importante era mantener el puesto, el cargo y el sueldo.
Pablo Casado ha dicho sentirse orgulloso ¿De qué? ¿De haber sido el primer presidente del PP expulsado, sin ganar unas solas elecciones y sin haber gobernado nada jamás?
El nuevo líder de Génova repite que “el PP no es Vox”, pero siempre obvia que sólo sumando con Vox echarán al PSOE. Y qué decir de sus intenciones de pacto con el PSOE, un partido al que ya no le interesa España y la perjudica siempre que tiene ocasión.
Este nuevo PP, o garantiza que no habrá mercadeo de jueces, que se puede generar riqueza y garantizar el Estado del Bienestar con impuestos bajos, que va a cumplir y hacer cumplir las leyes, que va a rescatar la Educación y de una vez por todas, que no se siente culpable de la guerra civil, que rechaza la memoria histórica de la izquierda y que abolirá todas sus leyes ideológicas, o lo hace, o está liquidado.