Lo que está sucediendo en Francia era inevitable que ocurriera. Cuando una nación permite que la invadan quienes pertenecen a una civilización hostil a la suya, quienes no respetan el estado de derecho y quienes no respetan la convivencia, está abocada a un futuro incierto.

Que ahora no se hagan los sorprendidos, pues hace ya muchos años que en demasiados barrios franceses no se acatan las leyes del país y donde ni siquiera entra la policía, pues la cada vez más numerosa minoría musulmana solo acata sus leyes religiosas, lo han permitido y ocultado a la opinión pública en connivencia con sus comprados medios de comunicación.

Me resulta gravísimo que en ningún medio se haya cuestionado la decisión del gobierno francés de encarcelar y acusar de homicidio al policía que disparó al argelino que, pese a estar detenido con su vehículo en un control y encañonado, tomó la decisión de acelerar y huir. Desde ahora, los enemigos del orden en Francia saben, que cuando la policía les ordene detenerse, pueden hacerle una peineta al agente y seguir su camino, que las armas las llevan de adorno y que nunca se atreverán a usarlas contra ellos ante el riesgo de que les encarcelen.

Francia y Europa, se enfrentan a generaciones de turbas violentas y antieuropeas azuzadas por la extrema izquierda, cuya violencia quedará cada vez más impune por la debilidad de gobiernos progres como el del inútil Macron. Francia y Europa, tienen que cambiar de rumbo y volver a luchar por su libertad, su identidad y su seguridad.

Estamos ante bárbaros que deben ser tratados como bárbaros. O de una puñetera vez los distintos gobiernos europeos se dan cuenta de la magnitud del problema y empiezan a blindar sus fronteras o el futuro de Europa va a ser muy negro.

Aunque la progresía continúe denominando a esos que queman ahora las calles de París, como “sus niños”, lo cierto es que son portadores de ideas absolutamente incompatibles con las que imperan en occidente, el concepto libertad no existe para ellos.

Francia tiene un problema que aún no tiene España, los hijos y nietos de aquellos inmigrantes que llegaron hace ya muchos años, esos que, en su gran mayoría, ni se han integrado y que incluso odian a la sociedad que acogió a sus padres. Francia lo tiene crudo y en España, o reaccionamos ya, o en unos años tendremos el mismo problema, repito, un problema que puede marcar el futuro de nuestra nación.

Ya está bien de que con el dinero que los europeos pagamos en impuestos se financie a quienes están aquí para destruir nuestra sociedad.

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