Ya ha sido aprobada la Ley de Memoria Democrática, una ley que con su propio título demuestra lo que es, pues la memoria es siempre subjetiva y nunca democrática. Estamos ante una norma que reescribe la historia de España y que la “batasuniza”, pues no olvidemos que los herederos de ETA, EH Bildu, han dado su visto bueno al sectario texto de nuestro infame presidente, Pedro Sánchez, quien se ha convertido por méritos propios en el heredero del Lenin español, Largo Caballero.
Por mucho que lo intenten, nunca podrán borrar todo lo que ocurrió en este otrora santo país desde 1934 hasta 1939. Nunca podrán borrar el terror y el crimen generalizado llevado a cabo desde los gobiernos de la II República.
Decir a estas alturas que los malos eran los que se levantaron contra ese terror rojo y derrotaron al comunismo, los que se levantaron contra los que asesinaron a Calvo Sotelo y otros muchos dirigentes políticos de derechas, los que se levantaron contra quienes quemaban iglesias, asesinaban curas y violaban y asesinaban monjas, es incalificable. Los que se levantaron contra quienes perpetraron la matanza de Paracuellos, muchos de ellos casi niños, simplemente por ser católicos, y contra los criminales responsables de las checas de Madrid y Barcelona, por mucho que hayan aprobado esta ley, no lo conseguirán, pues la verdadera memoria no puede ser borrada.
Suponíamos que la Transición supuso acabar con todo esto, con las dos Españas, pues se suponía que significó el perdón y la reconciliación de todos los españoles, pero no, la izquierda, primero con Zapatero y ahora con Sánchez, se han cargado todo eso y han resucitado los ancestrales odios y en eso estamos. Pero si hasta quieren derribar la Cruz más gran del mundo cristiano.
Y no nos engañemos, esto solo tiene arreglo si los líderes del Partido Popular y de Vox, Feijóo y Abascal, tienen la suficiente voluntad política y llegan a un acuerdo para revertirlo tras las próximas elecciones generales.