El Departamento de Energía de Estados Unidos ha publicado hace pocos días el borrador del informe “Una revisión crítica de los impactos de las emisiones de gases de efecto invernadero en el clima de Estados Unidos”, elaborado por el Grupo de Trabajo sobre el Clima. Se trata de un documento demoledor y de enorme importancia, por cuanto supone la primera vez que un gobierno cuestiona de una manera científica la existencia de una crisis climática y las medidas que la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y otros países apoyan para combatirla.

Hace años que el cambio climático ha dejado de ser un debate puramente científico para convertirse en una especie de religión, un acto de fe ajeno a la objetividad de los datos, cuyos profetas se dedican a pregonar el fin del mundo para generar alarmismo y, de este modo, poder influir tanto en los medios como en las agendas políticas de los gobiernos.

Se equivocan quienes piensan que el temido calentamiento global tan sólo tiene que ver con la protección del medio ambiente, puesto que, en realidad, se trata de la nueva excusa de la izquierda para, de una u otra forma, imponer su ideario intervencionista, liberticida y gravemente empobrecedor.

Todos los calentólogos, en mayor o menor medida, apuestan por el estatismo como única forma posible de frenar el cambio climático o, al menos, combatir sus funestas consecuencias. Pero ¿cómo? Mediante el socialismo. Es decir, exacerbando hasta límites insospechados el poder de los gobiernos para determinar el estilo de la vida que deberían llevar a cabo sus respectivas poblaciones, empezando por la forma de consumir y producir energía, cuyo precio se dispararía, junto al resto de bienes y servicios.

Y todo ello en base a un supuesto consenso científico que, por mucho que se diga lo contrario, está muy lejos de ser unánime. Pues existe una amplia red internacional de científicos y profesionales de reconocido prestigio que afirman que “no existe emergencia climática”, que “no existe causa de pánico ni alarma”.

El cuento verde del calentamiento esconde, por tanto, dos amenazas muy reales que poco o nada tienen que ver con el pretendido fin del planeta: el primero, el regreso del socialismo más abyecto y ruinoso bajo la excusa del cambio climático; y el segundo, el empobrecimiento de la población, con especial incidencia en el Tercer Mundo, debido a la subida de la luz y la fiscalidad. Y todo ello en base a un alarmismo injustificado en el que abundan las falacias, las exageraciones y los funestos designios de falsos e interesados profetas.

¿Cuántos años lo ha estado denunciándolo el cofundador y ex presidente de Greenpeace, Patrick Moore? Diciendo que todo lo que se afirma sobre el cambio climático es un “engaño y una estafa” que se ha apoderado del mundo científico “mediante la superstición y una especie de combinación tóxica de religión e ideología política”.

Patrick Moore siempre afirmó que la mayor falsedad es hablar de un 99 por ciento de consenso entre los científicos sobre el cambio climático, que es una cifra completamente ridícula y falsa, ya que la mayoría de los científicos que están divulgando constantemente esta teoría catastrófica reciben dinero público. Lo que hacen estos llamados científicos es simplemente producir más miedo para que los políticos puedan usarlo para controlar la mente de las personas y obtener sus votos.

Hay miles de ejemplos de las mentiras que nos han contado. Ahora voy a hablaros de dos de ellos: La Antártida y las Islas Maldivas.

Investigadores noruegos descubrieron recientemente un tesoro histórico: cientos de fotografías aéreas de la costa de la Antártida tomadas en una expedición noruega de 1937 que nunca se analizaron debido a la invasión alemana. Combinándolas con fotos de expediciones aéreas australianas entre 1954 y 1973 y otras de la actualidad los investigadores han analizado 21 glaciares de tres zonas, que juntas contienen más hielo que todo el casquete de Groenlandia.

El resultado es que a lo largo de 85 años ha habido avances y retrocesos cíclicos dentro de una tendencia estable o de ligero crecimiento del hielo. Este resultado apoya un estudio reciente que indica que el casquete de la Antártida lleva ganando masa desde comienzos del siglo XIX debido a una intensificación de las nevadas, por lo que podría no estar contribuyendo a la subida del nivel del mar. Otro estudio con satélites confirma la ganancia de masa del casquete de la Antártida.

Los datos científicos contrastan vivamente con las noticias constantes de que la Antártida se funde, basadas en la reducción de algún glaciar o en la rotura de algún gran iceberg, que es lo que pasa cuando el hielo crece. También chocan con las desmesuradas previsiones de subida del nivel del mar que se basan en que la Antártida contribuya varios metros a dicho aumento, cuando en realidad no se está fundiendo.

Desde la década de los 70, las Islas Maldivas, territorio formado por más de un millar de islas, islotes y atolones, uno de los países más pequeños de nuestro planeta, se ha convertido en un destino turístico de lujo al que solo se puede llegar vía aérea. Un país otrora pobre, que gracias al turismo internacional de alto nivel adquisitivo se ha convertido en próspero.

Pero no podemos olvidar algo muy importante, algo que ha marcado a los actuales 600.000 maldivos. Desde 1988 se les dijo que iban a ser las primeras víctimas del supuesto “calentamiento global”. Pero como ha sucedido con otros muchos plazos fijados por los profesionales de esa ciencia ficción denominada calentología, éste no se ha cumplido y la catástrofe anunciada y repicada por los medios de comunicación no se ha producido. De hecho, siempre que se acerca una de las cumbres del clima, aparecen en los medios de comunicación reportajes sobre las Maldivas con mensajes terroríficos, como “El país que podría desaparecer sumergido por el aumento de nivel de los océanos”. 

Por el contrario, el gobierno maldivo ha ampliado su aeropuerto internacional, con una pista sobre el mar que ha construido un consorcio de empresas chinas y que se inauguró hace pocos años. Parece claro que esa gran potencia, conoce la falsedad de las mentiras que los “dueños” de occidente utilizan para despojar a sus ciudadanos de bienestar, derechos y libertades, lo que es entre otras cosas la Agenda 2030, esa que nos están imponiendo sin consultarnos.

No podemos obviar que, de acuerdo con las mediciones de la NASA, el nivel de los océanos ha subido de media en toda la Tierra, sólo 3,3 milímetros anuales entre 1993 y 2020. Es decir, el tiempo necesario para el agua ascienda un metro es de tres siglos. Y encima, las previsiones no siempre se cumplen.

Por todo ello, creo que ya es hora de que los ciudadanos de este planeta denunciemos a estos estafadores.

2 comentarios en «La gran estafa del “cambio climático”»
  1. El grave problema que tenemos es la falta de una enseñanza de historia correcta como se hacía cuando Franco era cabo. Un ejemplo es la torre de Matalascañas, caída en el agua por una subida del mar hace unos añitos de nada. Sumerios y Acadios 500 años de sequia 2.500 años antes de Cristo, los años de vacas flacas y vacas gordas en Egipto por el co2 de las fabricas de la época. Tenemos encima lo que se dice en el apocalipsis..

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