El pasado viernes, una chica brasileña de 26 años, prostituta de profesión, denunció haber sido víctima de una manada de tres hombres, en el apartamento del hijo del presidente del Tribunal Constitucional, Cándido Conde-Pumpido. Tras ser reconocida por el médico correspondiente, este dio fe de que existían signos claros de haber sido forzada contra su voluntad en numerosas ocasiones, tanto vaginal como analmente por los desgarros y heridas que presentaba.
Aunque no sería necesario decirlo, lo digo por si acaso, por muy prostituta que sea, contra su voluntad no se puede tener sexo con ella, ni uno ni en manada. Y lo hago porque en RRSS ya han aparecido los típicos y reprobables comentarios que se suelen hacer en estos casos.
El caso recayó en el juzgado de Instrucción Número 44 de Madrid, cuya titular es María Isabel Durántez, que pertenece a la asociación judicial izquierdista “Juezas y Jueces para la Democracia” y que, además, fue alto cargo en el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, exactamente, directora general de la Marina Mercante. Esta jueza, no solo no envió a prisión al jefe de la manada socialista de violadores, es que lo puso este domingo en libertad sin medidas cautelares, incluso sin la orden de alejamiento solicitada por la víctima. Esta feminista y todas las demás, en este caso, no dicen eso de “Hermana, yo si te creo”, vergonzoso.
Estamos ante un escandaloso ejemplo de en lo que se ha convertido nuestra democracia, en la que la ley no se aplica a todos por igual y encima, cuando el juez “sicario con toga de turno” no ve posibilidad alguna de retorcer más la ley para que supuestamente diga lo contrario de lo que dice, llega el autócrata de turno y recurre al indulto o a la amnistía, sabedor de que al final su gran cómplice, el que preside el TC, siempre le dará la razón. Sufrimos una clara argentinización de nuestra política, el problema es que después de llegar a Buenos Aires inexorablemente iniciaremos ese último camino sin posibilidad de marcha atrás hacia Caracas.