Una muestra más de que en Cataluña el Estado de Derecho está ausente, algo que ocurre desde hace ya demasiado tiempo, con gobiernos centrales socialistas y populares, unos con mala fe y otros por su habitual cobardía.
Hemos conocido, que el gobierno catalán ha impuesto una multa de 10.000 euros a una alcaldesa, Sílvia Orriols, del partido separatista Alianza Catalana, por motivos de opinión. La multa es por unas opiniones emitidas en un debate televisado en mayo de 2022, en el que Orriols consideró un «error» la inmigración masiva de origen islámico, afirmando que los musulmanes «no reconocen las democracias europeas ni nuestras leyes civiles» y alertando sobre el riesgo de que se acabe imponiendo la ley islámica a toda la sociedad, como ocurre en muchos países islámicos. Lo perpetrado por el gobierno catalán es absolutamente incompatible con el Artículo 20 de la Constitución Española, que protege el derecho a la libertad de expresión.
Para más inri, el propio documento del gobierno catalán hacía alusión al archivo por la Justicia de la denuncia contra la alcaldesa por esas opiniones. Lo que indica, que la Justicia no vio motivos de sanción en esas opiniones, al estar amparadas por el derecho constitucional a la libertad de expresión. Así pues, el gobierno catalán usurpa funciones exclusivas de los jueces para enmendar sus decisiones y violar un derecho constitucional con total impunidad.
Quienes critican, al Islam y a la inmigración masiva de sus fieles, son calificados como «islamófobos» por esa misma izquierda que ataca constantemente al Cristianismo, disfrazando como «libertad de expresión» los escarnios a los cristianos. Hay que recordar que en 2001 el Tribunal Europeo de Derechos Humanos señaló que la ley islámica viola los derechos humanos.
Imponer sanciones gubernativas por motivos de opinión, es algo propio de regímenes antidemocráticos como los que apoya el partido separatista de extrema izquierda que gobierna en esa región, ERC, que ha mostrado abiertamente su simpatía por las dictaduras de Cuba y Venezuela.
El separatismo catalán ha fomentado durante años la inmigración de origen islámico por simple hispanofobia, ya que los inmigrantes procedentes de países de Hispanoamérica hablan español y es más difícil convencerles de que sólo deben hablar en catalán. Como consecuencia de ello, Cataluña se ha convertido en el bastión europeo del extremismo islámico y en una sociedad con un futuro muy incierto.