Si a alguien se le pasa por la cabeza, que el simple hecho de la desaparición de Zapatero de la vida política tras las próximas elecciones generales va a suponer el comienzo de una nueva etapa para el PSOE, creo que se equivoca.
Ahora es cuando los españoles tenemos que tener memoria histórica y no debemos contentarnos tan solo con la desaparición de la vida política del jefe de la banda. Todos, absolutamente todos los que le han apoyado formando parte de sus gobiernos y le han ayudado a controlar el partido son co-responsables del gran daño que le ha causado a su país, y nadie puede pensar que en él acaban las responsabilidades.
Resulta chocante ver, que el que ha sido el más directo colaborador suyo, Alfredo, nos diga a estas alturas que sabe lo que necesita España. Nadie se atreve a decirle, que si lo sabía, por qué no le dijo a Zapatero en su momento que lo pusiese en práctica, y si no, por que no dimitió. Alfredo, el candidato socialista a las generales, ya no engaña a nadie, y está tan desprestigiado como su jefe. Alguien como él, que ha estado presente en los episodios más oscuros protagonizados por el PSOE en estas últimas dos décadas no puede querer aparecer como algo nuevo y que los ciudadanos nos lo traguemos.