El presidente de la Generalidad de Cataluña, en su discurso de Navidad, ha presumido abiertamente de haber conseguido que Sánchez haya desarmado al Estado de Derecho, parece claro que el separatismo catalán, socio preferente de nuestro infame Gobierno, ya prepara su próximo golpe de Estado.
Qué dirán ahora todos esos, sobre todo de la derecha política y mediática, que calificaron como de exagerada la querella de Vox contra Pedro Sánchez por su ataque al Estado de Derecho. Abascal y los suyos, llevan ya mucho tiempo avisando de lo que pasaría y ya ha pasado, los hechos le están dando la razón.
Recordemos que, en esa querella, presentada el 23 de diciembre, Vox denunció actos «preparatorios para cometer un delito de rebelión o sedición», unos actos que están «encaminados a la ruptura territorial y separación de Cataluña del resto de España, y la subversión de nuestro sistema constitucional». En la presentación de esta querella, el presidente de Vox, Santiago Abascal, dijo ante los medios que estamos ante «un golpe sostenido en el tiempo, que va tomando pasos ineludibles encaminados no solo a que los condenados sean indultados ilegalmente, no sólo a que se eliminen y rebajen delitos para lograr una amnistía encubierta, sino a facilitar la futura comisión de delitos y que el Estado no tenga defensa cuando algunos declaren la independencia o traten de derogar total o parcialmente nuestra Constitución».
El sinvergüenza de Sánchez, afirmó el 16 de diciembre, unos días antes de que su partido lograse derogar el delito de sedición y rebajar el delito de malversación, que el proceso separatista «ha acabado, estamos en una nueva etapa de convivencia y concordia», y añadió: «En Cataluña no va a haber ninguna consulta de autodeterminación».
Pues bien, en su discurso, Pere Aragonés, presidente separatista del gobierno catalán, anunció que en 2023 va a impulsar un nuevo proceso separatista, con el fin de «volver a ejercer el derecho a decidir”. Parece que el separatismo va a exprimir la complicidad de Sánchez hasta el final de su mandato.
En su discurso, Aragonès, presumió de esas cesiones de Sánchez y afirmó que «son un paso imprescindible para avanzar hacia conseguir los efectos de la amnistía que permitan acabar definitivamente con toda forma de represión», es decir, desarmar al Estado de Derecho ante un nuevo golpe separatista, mostró su satisfacción ante la claudicación de Sánchez: «Estamos avanzando», y anunció claramente cuál será el sentido de sus próximos pasos al frente del gobierno catalán: «queremos decidir y decidiremos independencia».
La pretensión del gobierno separatista catalán choca abiertamente con el Artículo 2 de la Constitución Española: «La Constitución se fundamenta en la indisoluble unidad de la Nación española, patria común e indivisible de todos los españoles». La soberanía nacional recae en todo el pueblo español, una parte no puede votar algo semejante, incluso no sería legal celebrar un referéndum a nivel nacional dando la opción de un suicidio colectivo.
Esto ya lo advirtió Vox en su querella, señalando que «la unidad nacional se convierte, constitucionalmente, en un límite infranqueable, incluso, para un procedimiento legal de reforma constitucional», que sería la única vía que tendría Sánchez para autorizar el próximo golpe separatista.
Veremos cuánto tarda el traidor de Sánchez en dar ese paso y que forma pretende darle para sortear la Constitución, debemos estar muy atentos los españoles a lo que pretenda hacer este peligroso y amoral individuo. En vez de tener un Gobierno dedicado a mejorar nuestra vida y dar forma a una sociedad más justa, gasta sus energías en destruirlo todo para que un vil personaje satisfaga sus ansias de poder, inaudito. Algo que jamás podría ocurrir en cualquiera democracia occidental.