La Ley de Bienestar Animal del Gobierno de socialistas y comunistas que padecemos, lejos de proteger a los animales, supondrá un nuevo varapalo económico para el sector, la destrucción de gran parte del mundo rural, acabará con el toro bravo y con las dehesas, y todo sin el menor rigor científico que la avale, ni el consenso de los sectores afectados, a quienes el Gobierno ha ignorado. Una ley que al igual que la del “sólo sí es sí”, está diseñada para poner a disposición de chiringuitos ideológicos, a través de lobbies animalistas, jugosos presupuestos y poder de decisión sobre los derechos y libertades de los españoles.
Prohíbe la comercialización de animales de compañía en tiendas, así como su exhibición y exposición al público con fines comerciales. Resultado, la ruina de los comerciantes del sector. Tras la criminalización del sector primario en todas sus actividades (agricultura, pesca, ganadería, caza), este Gobierno da un paso más dentro de la agenda prevista por los lobbies animalistas y demoniza nuevos sectores, como los de la cría y el comercio de animales. La ley no prohíbe la caza con perros o la cetrería, sin embargo, las restricciones impuestas condenan esas actividades a la desaparición, debido a las trabas para poseer animales. Pretenden reconvertir los zoológicos en lugares para la conservación de especies. Sin nombrar a los toros, prohíbe el maltrato a todos los animales vertebrados, verde y con asas.
Se crearán órganos estatales de dirección, coordinación y participación lo que, en la práctica, se traduce en que cualquier animalista puede ser “enchufado” por el Gobierno en sus “chiringuitos”.
La ley obliga a los ayuntamientos a tener un servicio de recogida de animales abandonados, con atención veterinaria las 24 horas, y a mantener las colonias felinas, que pagarán los españoles a través de impuestos y tasas de los vecinos.
El animalismo es una ideología que pretende alterar el orden natural de los seres vivos, elevando a los animales por encima del ser humano, al que considera destructor de la naturaleza, oponiéndose por tanto, a cualquier uso de animales por parte del ser humano.
Pretenden la transformación de nuestro modo de vida al más puro estilo globalista, alterando por completo los usos y costumbres, criminalizando el mundo rural y su actividad económica, e “imponiendo desde los despachos, lejos de la naturaleza, una nueva relación con los animales y despojándonos de nuestra tradición, cultura e identidad”.
Santa Brígida de Suecia profetizó, siglo XIV, que 40 años antes del 2.000 la Iglesia abriría las puertas a satanás. En 1960 debería publicarse el tercer secreto de Fátima, algo que no se hizo y, sorprendentemente, se convocó el Vaticano II para «abrir La Iglesia al mundo», cuando debe ser lo contrario, que el mundo (demonio y carne) se abra a La Iglesia. Creo que se está cumpliendo la profecía y espero que no digan que soy un ultra peligroso.