Los alumnos del colegio mayor Elías Ahuja han saltado este jueves a la fama al viralizarse en redes sociales y medios de comunicación una especie de ritual en el que se cruzaban gritos obscenos con las chicas de un centro cercano, el Santa Mónica, ubicado frente al suyo. Los chicos gritaban «¡putas, sois unas putas ninfómanas!» o «vais a follar todas en la capea» pero completamente sacadas de su contexto, han causado un escándalo mayúsculo en los medios de izquierda: la «exclusiva» ha sido desvelada por la Cadena Ser y replicada rápidamente por La Sexta, para después aparecer en todos los medios y provocar la reacción de numerosos representantes públicos, entre ellos el propio presidente del Gobierno. Y no ha sido el único, hasta el líder de la oposición, Alberto Núñez Feijóo, muy torpe él, picó el anzuelo y emitió un tuit en el que calificaba de «inadmisible» y de «actitudes machistas intolerables» la broma de unos adolescentes en un ambiente evidentemente festivo y cualquier cosa menos amenazante.
La izquierda mediática y política, esa que nada dijo de «chúpame la minga» y «la azotaría hasta sangrar» al decirlo sus jefes, se ha hartado de decir barbaridades pese a que las destinatarias de las obscenidades, esas que supuestamente estaban aterrorizadas, han manifestado que «se está sacando todo de contexto» «claro que tenemos buena relación con ellos» y que por supuesto «no nos sentimos ofendidas». «Es un pique que tenemos todos los años entre chicos y chicas, entre un colegio y otro» aclaraba otra, «se le ha dado un valor que no es el que tiene».
Barbaridades varias: Irene Montero ha hablado de «una cultura de la violación y del terror sexual». Pablo Echenique los ha llamado «cachorros neonazis de cayetano» y ha culpado de todo al «blanqueamiento mediático-político de la ultraderecha». Rita Maestre hablaba ante los periodistas de «grito de caza, grito de manada» y «sus gritos son violaciones». En el colmo de la estupidez, la Fiscalía Provincial de Madrid ha llegado a anunciar que va a estudiar si los gritos son un «delito de odio».
Pese a que a la gente decente nos repugnan las palabras empleadas, debemos darnos cuenta de que estamos ante un montaje de la izquierda. Esa misma izquierda que no critica la actual matanza de mujeres en Irán, simplemente por querer ser libres, da a entender que aquí, en España, ellas están más amenazadas que allí. Simplemente, porque esa dictadura islámica les financia. Esto sí que es obsceno y aberrante.
La mismas chicas » supuestas ofendidas» se han pronunciado comentando que ellas participaban del juego y para nada se sienten ofendidas, es más estaba todo acordado y ellas lanzaron insultos e idéntico vocabulario al bando contrario, pero la izquierda es así de especialista.