El Congreso ha debatido una proposición de ley contra el antisemitismo aprobada en la Asamblea de Madrid con los votos a favor del PP y de Vox, destinada a impedir que puedan recibir subvenciones las entidades que promueven el odio contra los judíos. Esta propuesta llega en un momento en el que el antisemitismo cobra de nuevo auge, promovido activamente por la ultraizquierda bajo el disfraz del «antisionismo».
La iniciativa fue aprobada con 283 votos a favor (entre ellos los del PSOE, PP, Vox y Ciudadanos), 33 en contra y 7 abstenciones. Podemos, Izquierda Unida y la CUP votaron en contra. Algo nada extraño teniendo en cuenta los vínculos de Podemos con un régimen rabiosamente antisemita como es la dictadura islámica de Irán. Se da la circunstancia de que esa misma extrema izquierda que promueve el antisemitismo también promueve el odio a los cristianos.
La cultura occidental, a la que tanto odia la ultraizquierda, tiene unas raíces judeocristianas que son las que han permitido que sea en esa cultura precisamente donde arraigue la democracia. La extrema beligerancia del izquierdismo en pleno siglo XXI hacia una libertad fundamental para el sostenimiento de cualquier sistema democrático, como es la libertad religiosa, retrata a quiénes son los nazis del siglo XXI. Si los del siglo pasado se distinguían con una esvástica, los de ahora prefieren la hoz y el martillo. Unos y otros son la misma escoria.
El informe de 2020 del Observatorio para la Libertad Religiosa y de Conciencia (OLRC), publicado en septiembre del año pasado, nos dice que en España se incrementaron un 37% los ataques al derecho a la libertad religiosa con respecto a 2019, la mayoría de ellos contra la religión católica.