Cualquier país democrático
debe tener una televisión pública sostenible y de calidad, además de cumplir
con las funciones de servicio público que establece la ley para ella. En el
caso de España, esas condiciones no se cumplen.
La Comisión Nacional de los
Mercados y la Competencia (CNMC) ha hecho público un informe denunciando el
rotundo fracaso que ha significado el modelo de financiación para TVE que
implantó el Ejecutivo dirigido por José
Luis Rodríguez Zapatero.
Estamos ante uno más de los
muchos disparates que llevó a cabo Zapatero, en este caso suprimió la actividad
comercial de RTVE, lo que conocemos como publicidad, de manera que sus cuentas
pasaron a depender casi exclusivamente de los Presupuestos Generales del Estado
(PGE) y en mucha menor parte de las aportaciones de los operadores privados. La
recaudación procedente de los grandes beneficiados ha sido muy inferior a lo
que se preveía. Como en casi todo lo realizado por Zapatero, pelotazo para los
poderosos, descomunal coste para los contribuyentes y ruinoso para el país.
Privar a TVE de sus
ingresos por publicidad, significó entregarle toda la tarta a un duopolio
privado de capital extranjero mediante una decisión, no solo ruinosa en su
faceta financiera, si no letal para los ciudadanos de nuestro país.
A estas alturas, a nadie
voy a descubrirle la importancia que tiene dejar en manos privadas inadecuadas
la posibilidad de crear opinión y de realizar ingeniería social con fines “maléficos”.
Hay canales de TV privados
que se han constituido en fábricas de producir odio y verterlo por nuestras
pantallas. ¿O alguien cree que la crispación política y social que vivimos no
es fruto, principalmente, de quienes desde su dominio de los medios se afanan
en modelar a su antojo nuestras mentes?
Entre quienes llevan
décadas trabajando desde sus cadenas para asesinar el espíritu de la Transición
y acabar con la concordia entre los españoles, y quienes desde esos supuestos
programas de ocio y entrenamiento tratan de socavar la moral ciudadana, estamos
apañados.
Mientras la ciudadanía no
tenga claro eso de que “la caja tonta miente por norma” y su mente sepa filtrar
la información que recibe, predominará el aborregamiento generalizado.
Esto es lo que tiene
sentirse uno “un hombre libre” a la hora de opinar, empecé hablando de la
financiación de las televisiones y acabo de esta manera, lo mismo el calor no
me sienta bien.
