Tengo que reconocer, como jugador de ajedrez que soy, que estoy bastante sorprendido por la decisión de la Federación Internacional de Ajedrez de prohibir a los ajedrecistas transgénero competir con las mujeres en ese juego, que no deporte.
En este tema no soy nada sospechoso, pues siempre me opuse a que los trans pudieran competir en el deporte en categoría femenina, pues al ser biológicamente hombres, en toda actividad en la que influyera la fuerza física, la resistencia o la velocidad, a las mujeres les sería imposible vencerlos por muy buenas que fuesen. De hecho, siempre he sostenido que, de producirse el desembarco masivo de trans en el deporte femenino, este desaparecería, a las mujeres se las expulsaría de su propia categoría.
De entrada, en el ajedrez, por mucho que se empeñen en denominarlo deporte, personalmente, creo que es un juego, el más maravilloso de los juegos, el que más inteligencia requiere, nunca he entendido que desde siempre se estableciesen dos categorías, la masculina y la femenina, a no ser que algún científico sea capaz de demostrar que ellas son menos inteligentes que nosotros, cosa que francamente dudo.
La Federación Internacional de Ajedrez (FIDE) dictaminó que las mujeres transgénero no pueden competir en sus eventos oficiales para mujeres hasta que sus funcionarios realicen una evaluación del cambio de género, cosa que harán en un plazo de dos años. Afirmando que dicha decisión deberá basarse en un análisis más detallado y será tomada lo antes posible.
A nivel político también ha habido declaraciones muy interesantes, como por ejemplo la de la parlamentaria británica Angela Eagle: «No existe ninguna ventaja física en el ajedrez, a menos que se crea que los hombres son intrínsecamente más capaces de jugar que las mujeres; yo me pasé mi carrera en el ajedrez escuchando que el cerebro de las mujeres era más pequeño que el de los hombres y que ni siquiera deberíamos jugar». Esta señora es feminista y yo, por supuesto que no, pero en este asunto coincido con ella y lo mismo voy hasta un poco más lejos.