Como ha ocurrido en otras ciudades de España, los participantes en las concentraciones contra Sánchez y la amnistía que prepara, han sido siempre pacíficas, pues quienes componen la derecha española siempre defienden la ley y el orden. La de ayer en Madrid frente a la sede del PSOE de la calle Ferraz fue un gran éxito en cuanto al número de asistentes y solo degeneró en graves disturbios cuando un ordenado grupo de alborotadores apareció.
Tras lo ocurrido el día anterior, todos querían evitar hechos similares, por ello, en cuanto alguien, por ejemplo, encendió una bengala, fue recriminado por ello y se le exigió que la apagara. Todo estuvo controlado hasta que aparecieron los “sicarios violentos” enviados por el poder. Decenas de encapuchados, casi todos vestidos de negro, la mayoría de ellos situados alrededor de la valla que la Policía coloca en Ferraz esquina con Marqués de Urquijo, comenzaron a lanzar objetos a los agentes y a derribar la valla, los agentes antidisturbios se vieron obligados a cargar. Repito por si no se ha entendido, todo transcurría con normalidad hasta que esa minoría decide reventar la manifestación.
La manifestación estaba siendo un éxito apabullante: Sánchez y el PSOE acorralados por su infame traición y multitud de televisiones mostrando esta reacción popular histórica con conexiones en directo, pero de pronto, sobre las diez de la noche, comandos organizados de alborotadores profesionales deciden reventarlo todo. ¿Quién gana con este final? Las imágenes previas a los disturbios contradicen el relato que los esbirros mediáticos de Sánchez no tardan en difundir: la ultraderecha y no la amnistía servida en bandeja a golpistas y delincuentes, es una amenaza para la democracia. Las imágenes que los grandes medios hurtan a los españoles, con su habitual estilo tan propio de la propaganda de guerra, desmontan la farsa: miles de españoles pacíficos dicen no a la amnistía y al golpe de Sánchez.
Esos disturbios se han saldado con 39 heridos, entre ellos 29 policías. Hay que decir que, si la carga policial del lunes fue criticable, de hecho, incluso ha sido criticada por sindicatos policiales, este martes la Policía actuó con contención y de forma adecuada, no utilizando gases y dirigiendo la acción de los agentes antidisturbios de la UIP contra los violentos.
La de ayer, como todas las concentraciones que se están llevando a cabo, es una protesta en defensa de la democracia, en la que no pintan nada, totalitarios a sueldo de nuestro infame presidente o de su entorno.
Sánchez empieza a estar muy nervioso, ya que la reciente imputación del prófugo Carles Puigdemont por un delito de terrorismo ha complicado la cosa, ya que el Artículo 83.1 del Tratado Fundacional de la Unión Europea incluye el terrorismo como una de las materias que implican normas mínimas relativas a la definición de las infracciones penales en la Unión Europea. Es decir, Sánchez no puede amnistiar sin más a un imputado por terrorismo, porque entraría en conflicto con el Derecho europeo y el juez que lleva ese caso podría recurrir al Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE). Sánchez ya no sólo estaría ante un grave conflicto institucional en el ámbito de España, que ha quedado en evidencia con la declaración aprobada el lunes por el Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) rechazando la amnistía por ser «una grave vulneración de los derechos fundamentales». Amnistiar la imputación de Puigdemont por terrorismo implicaría un choque con Bruselas.
Está claro que Sánchez necesita ganar tiempo, que el plazo que marca la Constitución se le está quedando corto, por ello, le interesa que la violencia se apodere de las calles como pretexto para echar mano al Artículo 116.5 de nuestra Constitución, que en su punto 5 dice: «No podrá procederse a la disolución del Congreso mientras estén declarados algunos de los estados comprendidos en el presente artículo, quedando automáticamente convocadas las Cámaras si no estuvieren en período de sesiones. Su funcionamiento, así como el de los demás poderes constitucionales del Estado, no podrán interrumpirse durante la vigencia de los estados de alarma, excepción o sitio». Así pues, en el momento actual, a los socialistas les interesa que haya violencia, y cuanta más mejor, porque cuanto más graves sean los incidentes, más fácil les resultaría utilizarlos como excusa para aprobar un estado de alarma y ganar tiempo. En este escenario, esa minoría de alborotadores que apareció ayer repentinamente para organizar disturbios jugaría un importante papel para dar esa excusa al gobierno.