Tras el escándalo que se ha
producido por el menú de nochebuena que se les sirvió, a los policías y
guardias civiles, que permanecen hacinados en dos barcos atracados en el Puerto de
Barcelona. Zoido, nuestro ministro del Interior, ha tomado la apresurada
decisión de ordenar su vuelta a sus destinos.
Lo cierto es, que mientras a
nuestros agentes se les servían espaguetis con algún que otro mejillón, bacalao
frito, croquetas, filetes con puré y ensalada de aspecto desagradable; en la
cárcel de Estremera, los separatistas presos disfrutaron de un menú de
auténtico lujo compuesto por, ensalada con espárragos y palitos de cangrejo,
entrecot y profiteroles con nata, todo con una presentación y un aspecto
cuidado. Hechos que han hecho estallar a nuestros agentes a través de sus
sindicatos.
Pero lo más lamentable han
sido los motivos que ha dado Zoido para el repliegue, volviendo a la cantinela
de que la normalidad ha vuelto a Cataluña. Y eso lo dice, justamente cuando la
Fiscalía cita a trece profesores de un instituto de Barcelona por hostigar a
alumnos que son hijos de guardias civiles.
Para este acomplejado
Gobierno que padecemos, volver a la normalidad es que siga sin estar vigente el
Estado de Derecho, es que sigan sin cumplirse las sentencias en general, y en
materia lingüística en particular, es que se sigan pisoteando los derechos y
las libertades de los catalanes no independentistas. Y luego se quejan de su
constante hemorragia de votos.
Los independentistas son
mayoría en el nuevo Parlamento catalán, y si vuelven a gobernar, aunque no
vuelvan a declarar la independencia, seguirán pasándose por el forro, la
Constitución y resto de leyes. El Gobierno lo sabe y no piensa hacer nada para
revertir la situación, ni siquiera con el 155 se ha atrevido a meterle mano al
asunto. ¿Pero que hemos hecho los españoles para merecernos a estos políticos?
