Desde la década de los 70, las Islas Maldivas, territorio formado por más de un millar de islas, islotes y atolones, uno de los países más pequeños de nuestro planeta, se ha convertido en un destino turístico de lujo al que solo se puede llegar vía aérea. Un país otrora pobre, que gracias al turismo internacional de alto nivel adquisitivo se ha convertido en próspero.
Pero no podemos olvidar algo muy importante, algo que ha marcado a los actuales 600.000 maldivos. Desde 1988 se les dijo que iban a ser las primeras víctimas del supuesto “calentamiento global”. Pero como ha sucedido con otros muchos plazos fijados por los profesionales de esa ciencia ficción denominada calentología, éste no se ha cumplido y la catástrofe anunciada y repicada por los medios de comunicación no se ha producido.
De hecho, siempre que se acerca una de las cumbres del clima, aparecen en los medios de comunicación reportajes sobre las Maldivas con mensajes terroríficos, como “El país que podría desaparecer sumergido por el aumento de nivel de los océanos”.
Ahora, sorprendentemente, el gobierno maldivo ha ampliado su aeropuerto internacional, con una pista sobre el mar que ha construido un consorcio de empresas chinas y que se inauguró hace unos meses. Parece claro que esa gran potencia, conoce la falsedad de las mentiras que los “dueños” de occidente utilizan para despojar a sus ciudadanos de bienestar, derechos y libertades, lo que es entre otras cosas la Agenda 2030, esa que nos están imponiendo sin consultarnos.
No podemos obviar que de acuerdo con las mediciones de la NASA, el nivel de los océanos ha subido de media en toda la Tierra, sólo 3,3 milímetros anuales entre 1993 y 2020. Es decir, el tiempo necesario para el agua ascienda un metro es de tres siglos. Y encima, las previsiones no siempre se cumplen.