Durante la comida de Sánchez con Mohamed VI, en el Palacio Real de Marruecos, la Bandera de España fue colocada invertida, como aparece en la foto oficial y la publicada por distintas agencias. Cuando un país coloca la bandera de otro país invertida, se considera una grave falta de respeto, ya que supone insinuar que el otro país se ha rendido. Los símbolos de España se merecen un respeto, y Sánchez debería dar ejemplo.
Este viaje tiene su origen en el cambio que ha dado Sánchez a la política española en lo referente al Sáhara Occidental aceptando las exigencias de Marruecos. Al día siguiente, el gobierno de Sánchez filtró que su acuerdo con Marruecos obliga a este país a respetar la integridad territorial de España, es decir, España reconoce como marroquí un territorio que no lo es, a cambio de que Marruecos reconozca como nuestro, algo que siempre lo fue, de locos. Pero es que encima, Sánchez dice que Marruecos ha renunciado a reclamar nuestras ciudades norteafricanas y las islas, algo que el gobierno de este país jamás ha dicho “con luz y taquígrafos”. Esta tomadura de pelo se produce mientras Marruecos se atribuye Ceuta, Melilla e incluso las Canarias en sus mapas oficiales.
Lo que Sánchez le ha dicho al gobierno marroquí y a su rey, lo ha hecho solo a título particular y del PSOE, ya que el Parlamento Español lo ha desautorizado. Es una situación insólita y que demuestra hasta qué punto este gobierno se está saltando la legalidad para plegarse a los intereses marroquíes.
También, en el encuentro de Sánchez con el primer ministro marroquí, Aziz Akhannouch, se colocó detrás una escultura de Tariq ibn Ziyad, el general beréber que venció en la batalla de Guadalete en el 711. La batalla que supuso el inicio de la invasión musulmana de la Península Ibérica. Otro desplante, otro insulto que se tragó el psicópata que tenemos de presidente.