Desde que se supo que la ministra de Industria, Reyes Maroto, había recibido en la sede de su ministerio una carta con una navaja supuestamente manchada en sangre, los partidos de izquierdas pusieron de inmediato en marcha sus mangueras del odio y la crispación, esa falsa cantinela de que los demócratas son solo ellos y los demás, fascistas o socios de ellos.
Tras conocerse la verdad, o sea, que esa carta la envío un enfermo mental, ni se les pasó por la cabeza pedir perdón por las barbaridades dichas, ni se les pasó por la cabeza retirar la propuesta de hacer a Vox un cordón sanitario, demostraron la canalla que son.
En esta campaña electoral madrileña, el único partido agredido ha sido Vox y la izquierda nunca condenó esas agresiones, por ello, por mucho que insistan en convertir a la víctima en verdugo, nunca lo van a conseguir, los madrileños son ciudadanos mayores de edad y las mentiras de socialistas y comunistas cada vez tienen menos credibilidad.
Socialistas y comunistas saben que van a perder, y los pocos días que faltan de campaña pueden intentar algo pensado para desestabilizar y cambiar la intención de voto de unos cuantos pardillos, los madrileños deben estar atentos.
La trayectoria de Gabilondo como candidato es bastante patética, ha pasado de “con este Iglesias no pactaré” a suplicarle su apoyo y a adoptar sus canallescas estrategias.