Si lo estudiamos con detenimiento, nos daremos cuenta de que las decisiones de este infame Gobierno que sufrimos nunca han ido encaminadas a hacer la vida más agradable o a solucionar los problemas más acuciantes que tenemos los españoles. Por el contrario, desde La Moncloa se trabaja, día y noche, para eliminar cualquier atisbo de separación de poderes, esos cuya misión es la de equilibrar y moderar cualquier estado democrático y de derecho. Sánchez ha situado a España en la frontera que separa a una democracia muy imperfecta de una tiranía irreparable.
Todos los instrumentos legales que pare el Gobierno están destinados a empobrecer a las clases medias, asfixiándolas a impuestos, que ya han alcanzado la categoría de confiscatorios, y arrebatándonos nuestras libertades y nuestra autonomía personal.
Lo procedente de ese saqueo gubernamental no va destinado a mejorar los servicios públicos básicos, se usa de manera fraudulenta para hacer donaciones a entes, chiringuitos nacionales o internacionales, instrumentos de la letal agenda 2030, a organizaciones separatistas, catalanas o vascas, o para los aberrantes experimentos de la ministra propederasta Irene Montero.
Sánchez se mantiene en el poder gracias al apoyo de los mayores enemigos de España, no soporta la más mínima crítica en su entorno y se ha rodeado de una banda de indigentes intelectuales que al igual que él, carecen de cualquier tipo de límites morales.
Ni Tezanos desde ese CIS que nos avergüenza, por ser culpable de malversación de caudales públicos, va a ser capaz de evitar que su “líder supremo” sea barrido en las próximas elecciones generales.
La oposición no debe pactar nada con Sánchez, no pueden ser colaboradores necesarios, o sea, cómplices, de quien pretende cambiar la Constitución por la puerta de atrás.