En medio de la tragedia que vive el pueblo español, en gran parte fruto de su desastrosa gestión, Pedro Sánchez, ha protagonizado un discurso demagógico de dos horas, un ejercicio de pura propaganda plagado de trolas. Nuestro infame presidente, ha conseguido lo que parecía imposible, se ha superado así mismo, se ha consagrado como el presidente más fullero, con diferencia, de nuestra democracia.
Hay que tener mucha jeta para ir de triunfalista con más de 80.000 muertos en la mochila y la economía del país destrozada. Se atrevió a hablar de “ejemplaridad pública” el que pacta con proetarras y concede beneficios penitenciarios a los terroristas, el que pretende indultar a los sediciosos catalanes que intentaron dar un Golpe de Estado. Su palabrería ha sido un acto de desprecio a la ciudadanía, de agitación ideológica, y de finiquitar el consenso constitucional.
Sánchez, no nos habló del colapso existente para atender a cientos de miles de trabajadores envueltos en un ERTE; ni de esos falsos créditos ICO para empresas que pretenden sobrevivir; ni de ese SMI que dijo que iba a subir y que no sube; ni de la fallida Renta Mínima, esa que se le concede a un pequeño porcentaje de los desesperados que la solicitan; ni porqué se negó durante meses a bajar el IVA de las obligatorias mascarillas; tampoco habló de las colas del hambre, esas que crecen a diario; tampoco habló de la expulsión del español de las aulas; tampoco habló del acoso de su Gobierno al Rey; ni tampoco habló del asalto al Poder Judicial que pretende.
El que nos dijo “que nadie iba a quedar atrás”, ha dejado a millares en el camino y a millones en la miseria. En el fondo, él solo pretende una democracia de diseño, con él de líder y como socios, a todos los que quieren lo peor para España.