Alberto Núñez Feijóo ha comenzado el curso político en Pontevedra, rodeado de varios de sus presidentes autonómicos entre los que sorprendentemente no estaba Isabel Diaz Ayuso. Eso sí, a su lado tenía sentado al que por lo visto es su referente, al inútil de Mariano Rajoy, uno de los grandes culpables de lo que pasa hoy en España, ese que no fue capaz de tomar las decisiones que debía tras el golpe de Estado en Cataluña y que no aprovechó su mayoría absoluta para cambiar absolutamente nada. Para la derecha española es descorazonador comprobar que el inane de Feijóo lo admira.
Por su falta de carisma, por su carácter tristón y por lo difícil que lo tiene para ganar la investidura, el inicio del curso político de los populares más parecía un funeral. Ha intentado explicar los ejes de su discurso de investidura, insistiendo en que “España necesita un cambio, necesita abrir un tiempo nuevo, recuperar la moderación y la centralidad, sin depender de las minorías radiales independentistas». Y esto lo dice el tipo que ya ha hecho suyas muchas de las abominaciones ideológicas de esa izquierda a la que quiere sustituir.
Con la vista puesta en la ronda de contactos que Feijóo comienza este lunes con todos los partidos a Excepción de EH Bildu, el presidente del PP ha dicho que «el encargo de la investidura conlleva la obligación de hablar con todos los que quieran hablar”, pero en este diálogo habrá líneas rojas, avanzando que no admitirá «subastas ni chantajes para aplacar el interés particular de las minorías». Feijóo debe pensar que todos padecemos amnesia y que ya hemos olvidado que eso es precisamente lo que han hecho ellos y el PSOE cada vez que han querido gobernar España sin poseer la mayoría absoluta necesaria.
Sobre el diálogo con Junts, que tanto revuelvo ha causado estos últimos días, ha defendido Feijóo que dialogar «no significa que esté de acuerdo con los planteamientos de los partidos con los que vamos a hablar y no significa, en ningún caso, que aceptemos lo que está dispuesto a aceptar el partido de Sánchez». «Nosotros no somos Sánchez», ha dicho, «somos un partido constitucional que cree en el Estado». Estuvo un poco más comedido que lo que poco antes había declarado a El Mundo y que provocó la airada respuesta de Alejandro Fernández, presidente del PP de Cataluña, quien publicaba un mensaje en Twitter que era una clara referencia a las palabras del presidente nacional de su partido y a su empeño por reunirse con el partido del prófugo Puigdemont:
«JUNTS sí es mi RIVAL, un partido cuya tesis esencial es que España es una dictadura dirigida por un Rey fascista, con el que se niegan a «hablar». Que alguien me diga de qué hay que «hablar» con ellos…»
Recordemos, además, que Junts exige la autodeterminación de Cataluña y la amnistía a los condenados por el golpe separatista de 2017 como condiciones para apoyar la reelección de Pedro Sánchez. Se trata de dos exigencias radicalmente inconstitucionales y contrarias a la unidad de España y al Estado de Derecho. Unas exigencias que merecen el rechazo frontal de cualquier demócrata y de cualquier español que tenga un mínimo de patriotismo.
Feijóo también tuvo unas palabras de agradecimiento para aquellos que han apoyado su investidura sin pedir nada a cambio. Por ello ha hecho mención expresa a Vox, Coalición Canaria y Unión del Pueblo Navarro. «Les agradezco su generosidad en nombre de la Constitución y la concordia». Aunque tras el guiño a Junts, también haya dicho que “con Vox tenemos profundas discrepancias”.
Como resumen de todo, solo podemos calificar a Feijóo como un político acomplejado que derrocha mansedumbre e incapaz de ilusionar a nadie.
Un violador de la Constitución en Galicia, con permiso del manso en tablas, poco puede ofrecer.