Este pasado jueves saltó una noticia que ha dado bastante que hablar. El medio The Objective publicó un vídeo que muestra el intento de fraude en las primarias del PSOE allá por octubre de 2016. En esas imágenes se ve cómo se utilizó una urna colocada de forma improvisada, casi escondida en un cuarto pequeño, para dar un pucherazo. Todo ello en un momento clave en el que se decidía si Pedro Sánchez seguía o no al frente del partido.
Lo llamativo no es solo el contenido del vídeo, sino el hecho de que esa grabación ha permanecido oculta durante años. Y claro, eso añade más leña al fuego, porque hace que mucha gente se pregunte qué pasó realmente en aquel momento, porqué no ha salido a la luz y por qué no se ha aclarado antes.
Personalmente, una de las cosas que más me sorprendió fue ver la reacción de Susana Díaz en una entrevista con Risto Mejide. Cuando él le preguntó directamente por lo ocurrido, ella evitó responder. Y la sensación que transmitía era bastante evidente, incomodidad, tensión, como si contestar le pudiera costar caro. Desgraciadamente, en política, pesa más mantener el puesto, el cargo, el sueldo, la estabilidad, que decir la verdad y contar lo que uno sabe. Y eso, sinceramente, dice bastante del imperfecto sistema pseudo democrático que tenemos.
Si algo así ocurriera en otros países, probablemente tendría consecuencias inmediatas. Un escándalo de este tipo podría hacer tambalear a un gobierno entero. Sin embargo, aquí en España da la sensación de que estas cosas apenas pasan factura. Como si existiera una especie de inmunidad política que permite que todo siga igual, pese a las polémicas, las sospechas o incluso las acusaciones más graves.
A esto se suma una percepción bastante extendida, la de que este Gobierno es una mafia, una banda criminal. Desde acusaciones de mentir en repetidas ocasiones hasta casos de corrupción que afectan no solo al partido sino también a personas del entorno más cercano del presidente. También está el tema de los acuerdos políticos, especialmente con partidos independentistas, que la mayoría de los españoles consideran concesiones inaceptables concedidas únicamente para que Sánchez se mantenga en el poder, como la amnistía a los golpistas catalanes o las competencias en materia penitenciaria dadas al gobierno vasco que ha derivado en que asesinos etarras salgan de las cárceles, todo, una auténtica vergüenza.
En España, los socialistas han convertido al Estado en una agencia de colocación, controlando cada vez más instituciones y empresas públicas, como si el país fuese la finca particular de Sánchez y de sus compañeros de filas. Por lo demás, Sánchez ha transformado su partido en una secta que rinde culto al líder, defenestrando a cualquiera que se atreva a llevarle la contraria. Desde el poder, Sánchez despilfarra el dinero de todos los españoles en infecta propaganda. Y todo ello sin que muchos periodistas y medios hagan ni la más leve crítica, ya sea por afinidad o por miedo a perder las ayudas públicas con las que Sánchez compra silencios y apoyos.
Volviendo al famoso vídeo, se interpreta como un precedente de prácticas mafiosas que Sánchez y su banda que volverán a repetir hoy de otras formas, por ejemplo, mediante la concesión de nacionalidad a gran escala como una estrategia política para ampliar la base electoral.
Todo esto lleva a una conclusión bastante pesimista, que España podría estar deslizándose hacia un modelo donde el poder político concentra cada vez más control, algo comparable con situaciones de otros países como Venezuela. La única garantía que parecía tener España de no acabar siendo una réplica de Venezuela es que la Unión Europea actúe, pero Ursula von der Leyen no hará nada porque su cargo de presidenta de la Comisión Europea depende del apoyo de los socialistas.
Así pues, esta corrupción masiva que sufre España podría extenderse al resto de Europa si no hay una reacción. Y esa reacción debemos provocarla nosotros, los ciudadanos. Si esperamos a que otros hagan por nosotros esa tarea, nunca ocurrirá.
Un artículo muy realista y trágico. Hace falta una oxigenación total de la política y la sociedad desde los ayuntamientos hasta la Unión Europea