Ya se ha celebrado la reunión
“bilateral” entre el traidor Pedro Sánchez y el golpista Torra. Sánchez, con su
presencia, ha pretendido habilitar al inhabilitado elevándole a la categoría de
interlocutor válido. Sánchez utilizó un lenguaje “blanqueador” utilizando
términos como “bilateralidad, conflicto y contencioso”, haciendo esto, el
ilegítimo inquilino de La Moncloa pretende reforzar la teoría de aquellos
magistrados que trataron de convencernos de que el golpe había sido una mera
ensoñación.
Hablamos de dos individuos,
que escenificaron un auténtico chuleo institucional. Desde la entrada de Pedro
Sánchez en el palacio de la Generalidad, pasando revista a la tropa golpista
republicana, hasta el saludo de Iván Redondo inclinando su cabeza ante ese nazi
que usurpa la presidencia de Cataluña, ha sido todo, una gran vergüenza.
Sánchez solo es leal a su
supervivencia, y en Barcelona lo ha demostrado. Nuestro embustero presidente
utilizó frases como “La Ley por sí sola tampoco basta”. Si hubo algo que me
indignó sobremanera, fue el hecho de que Torra se refirió a Cataluña como
“nación milenaria” y, en cambio, Sánchez habló de España sólo como “sociedad”,
para este farsante, la Nación española no existe.
Es evidente, que Sánchez
pretende quitarle hierro a todo lo que ha pasado en Cataluña, y eso es muy
grave para nuestra democracia. Cataluña, como comunidad autónoma, es parte de
la Administración del Estado, y esa parte se ha declarado en rebeldía,
pisoteando los derechos de la mayoría de la población, incumpliendo las leyes y
desobedeciendo a los tribunales, fracturando la convivencia, promoviendo las
revueltas y dando un Golpe de Estado para proclamar la independencia.
En vez de legislar para
proteger nuestra democracia contra quienes retuercen, vulneran y quiebran el
Estado de Derecho, Sánchez opta por ser cómplice de los golpistas.
