Si la invasión de Ucrania por parte del ejército ruso ha provocado la indignación en todo el mundo libre, que podemos decir del asco que produce la postura del patriarca ortodoxo ruso Cirilo I, quien califica a los invadidos, a las víctimas, de “fuerzas del mal” y apoya la invasión. Este sujeto se ha convertido en la vergüenza de la Cristiandad.
Según Cirilo I y para justificar su sumisión a Putin, se ha inventado este relato, “las fuerzas del mal son las que combaten la unidad de la iglesia ortodoxa rusa con los países surgidos de la Rus, un Estado medieval que se considera el antepasado de Rusia, Ucrania y Bielorrusia. Ya en 2012, Cirilo I, expresó su fidelidad proclamando que la presidencia de Putin es «un milagro de Dios».
Desde 2014, Ucrania ha abandonado la esfera de influencia rusa para acercarse a la UE y a la OTAN, y en 2019 se dotó de una iglesia ortodoxa independiente del patriarcado de Moscú, una decisión histórica que puso fin a más de 300 años de tutela religiosa rusa y provocó la ira de Rusia y de Cirilo I.
Por su parte, Putin se inventó un relato absurdo para justificar lo injustificable, definió su invasión militar como de «operación militar especial» destinada a “el mantenimiento de la paz» para «desmilitarizar» y «desnazificar» a un país acusado de un presunto genocidio de las poblaciones rusófonas del este.
Los españoles tenemos experiencia en este tipo de comportamiento de la Iglesia, los españoles de bien nunca olvidaremos lo que hizo la Iglesia vasca, cuando durante décadas se convirtió en cómplices de la banda terrorista ETA y mostró su más absoluto desprecio por las víctimas. Quienes se olvidan del Evangelio y rinden culto al mal, convierten su misión en satánica.