El que en España “vota a Txapote” como acabamos de ver en Pamplona, el que dirige la maquinaria de demolición de nuestro Estado de Derecho, también acaba de erigirse en el líder de quienes pretenden cargarse la Unión Europea, esa que fue posible tras el acuerdo al que llegaron los socialdemócratas con, liberales y democristianos. El que levanta muros entre españoles también pretende hacerlo entre los europeos.
Con un estilo absolutamente sectario dejó claro, quien es y a qué representa, en Europa ya lo han calado. Tras su intervención fue hasta abucheado. Sánchez cierra su presidencia europea, la de España, cosechando un absoluto fracaso que irremediablemente salpica y constata la irrelevancia internacional de España, país que se ha convertido en la punta de lanza del comunismo internacional en Europa.
Sánchez hasta fue capaz de sacarle a colación el nazismo a Manfred Weber, presidente del PPE, el mayor grupo de la Cámara, para intentar defenderse de sus críticas justificadas por la amnistía y las comisiones parlamentarias contra los jueces tras el señalamiento de Junts. Incluso cometió Sánchez el desprecio de marcharse del Pleno cuando el alemán pedía la palabra para responderle por alusiones.
Desde el Parlamento europeo reprochan a Sánchez que «cargue con dureza contra el partido que gobierna la Comisión Europea y el Parlamento Europeo, pero agache la cabeza ante el prófugo».
Es evidente, que la España de Sánchez y sus cómplices, ya no es Europa, pues va de república bananera dirigida por el Grupo de Puebla, es decir, que los Zapatero y los Baltasar Garzón de su entorno, están consiguiendo que este Gobierno, no solo esté destrozando nuestra democracia es que, además, pretenden desestabilizar a la propia Europa.
Si eso ha liado el infame en Europa, imaginemos la que lio ayer el PSOE navarro, siguiendo sus órdenes dándole la alcaldía de Pamplona a los camaradas de quienes asesinaron, entre otros, a muchos socialistas.