Como muchos sabéis, El Palacio de las Marismillas, en el Parque Nacional de Doñana, ha sido utilizado por Pedro Sánchez como su residencia de verano desde que llegó a la presidencia del Gobierno.
Quien lleva meses atacando con ferocidad, criminalizando a los agricultores onubenses por extraer agua del subsuelo para sus cultivos mediante pozos, al no darles ninguna alternativa, ahora resulta que ha trascendido, que su “Palacio” está dotado de un pozo que extrae grandes cantidades de agua de un acuífero, entre otras cosas, para que los numerosos invitados del presidente puedan zambullirse y mitigar su calor.
Vox presentó en el Parlamento de Andalucía una iniciativa para impulsar la construcción de conexiones que lleven agua a los campos sin perjudicar el patrimonio natural del parque, para así proteger tanto a los agricultores y su acceso al agua, como el entorno ecológico de Doñana. La respuesta del PP, que gobierna con mayoría absoluta en Andalucía, fue la de sumarse.
La hipocresía de nuestro infame presidente no tiene límites, el pozo de su Palacio dispuso de inmediato de la autorización de la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir pero, por el contrario, los pozos ilegales a los que muchos agricultores han tenido que recurrir, no son legalizados ¿Cuál es el criterio de la administración para legalizar unos pozos y no otros?
¿Os imagináis si la famosa delegación de diputados alemanes, esa que intentó visitar Doñana y su entorno, llega a aparecer por el Palacio de las Marismillas y ve que Sánchez incurre en las mismas prácticas que denuncia?
Lo que ocurre, es que la diferencia es que los agricultores usan el agua para que sus campos sobrevivan y Sánchez para esa vida de rico de la que pronto los españoles le echarán de una patada democrática en el trasero.