La situación política por la que atraviesa España es tan excepcional, que solo desde esa perspectiva puede uno llegar a entender lo ocurrido en la reunión entre Pedro Sánchez y la presidenta madrileña, Isabel Díaz Ayuso.
Si un líder autonómico se queja de que el presidente del Gobierno no lo recibe en su deseo de poder departir con él sobre temas de importancia que afectan a su Comunidad, en circunstancias normales, sería poco entendible que una vez llegada la ansiada reunión los asuntos de política nacional eclipsen a los regionales. Y que conste que soy de los que piensan que la presidenta madrileña llevaba gran razón en casi todo lo que le dijo a Sánchez.
Lo cierto es, que tras lo que se dijeran en su reunión privada, en la comparecencia posterior, Díaz Ayuso, le atizó a nuestro infame presidente “hasta en el DNI”, y le dijo todo eso que la mayoría de españoles piensan. La gran pregunta es ¿y Pablo Casado?
Y lo digo porque, aunque Díaz Ayuso dé a entender por activa y por pasiva que está centrada solamente en Madrid, lo disimula muy mal, hasta el punto de que una parte importante de afiliados, simpatizantes y votantes en general de su partido, la valoran ya mucho más que Pablo Casado. Y esto que acabo de decir, aunque sea bastante “políticamente incorrecto” en el ámbito del Partido Popular, desde fuera, uno es libre de decir lo evidente.
Sé que muchos populares dirán, que fue Casado quien apostó por Ayuso, y que el rotundo triunfo de esta en las madrileñas es por tanto también el triunfo de Casado, de acuerdo, pero parece también indiscutible que el carisma de ella jamás lo tendrá él.