En nuestra población reclusa ya hay 80 trans, es decir, hombres que dicen sentirse mujeres y que lo han manifestado en el Registro Civil. Unos se han cambiado el nombre por uno de mujer y otros no, tal como permite la Ley Trans que fue aprobada el 2 de marzo de este año. Las complicaciones empiezan a surgir, algo previsto, recordemos lo que ha pasado en Escocia, donde se han visto obligados a recular tras el caso de Bryson, ese famoso violador trans cometió los delitos por los que fue condenado antes del cambio de sexo, pero se declaró mujer durante el proceso e inicialmente fue ingresado en un módulo femenino, del que tuvo que ser trasladado a uno de hombres, pues se convencieron de que no puedes meter a un “zorro” en un gallinero. Resultado, la dimisión de la primera ministra del país, Nicola Sturgeon.
Es Asturias, solo hay una prisión que alberga a mil presos, de ellos, seis ya han solicitado el cambio de sexo y su traslado a un módulo femenino. De entrada, como la ley redactada por la ministra descerebrada, ni siquiera se ha desarrollado para así elaborar un protocolo de actuación y que los funcionarios de prisiones sepan qué hay que hacer, la nueva norma no ha venido más que a complicarlo todo, pues no hace referencia alguna a cómo tienen que proceder con estos reos dentro de las cárceles.
Entretanto, cunde la preocupación entre los funcionarios y entre las presas. Tanto los trabajadores de prisiones como las mujeres que viven en ellas son conscientes de que habrá otros condenados que se sumen a la petición de estos primeros 80 hombres que han solicitado el cambio de sexo, claramente, con el único objetivo de beneficiarse.
Una persona que biológicamente es un hombre, es un peligro que vaya a una cárcel de mujeres, pues pone en riesgo la integridad física de las mujeres que tienen que cumplir condena con él. Aquí pasará lo mismo que ha ocurrido en los países pioneros en estas barbaridades, donde las mujeres tuvieron que montar su propio servicio de vigilancia dentro de las cárceles para impedir que se produjeran los abusos y violaciones que se empezaban a generalizar.