La maternidad por supuesta “gestación subrogada” de Ana Obregón, a sus 68 años de edad, ha producido un gran revuelo. En mi opinión, cuando el recién nacido, es al menos hijo biológico de quien lo recibe, es un caso muy distinto al de esta famosa, pues para mí, el caso de Ana Obregón, es simplemente “comprar una niña”, pues hasta donde se sabe, el semen que ha servido para fecundar a esa mujer o “vientre de alquiler”, ni siquiera sería de su pareja, pues no la tiene en la actualidad. Desde mi punto de vista, estas prácticas no deberían estar permitidas.
Incluso en el caso de la gestación subrogada donde el receptor del niño es su padre biológico, se podría discutir sobre si permitirlo cuando la mujer lo hace de manera altruista, sin venderse, pero todos sabemos que, si se abre esa puerta, se convertirá en un coladero, simplemente porque es imposible demostrar si se ha pagado o no.
Siempre estaré en contra de la cosificación y explotación del cuerpo de la mujer, así como el comercio de niños “como si fueran objetos”. Por ello, es necesario arbitrar medidas para impedir la legalización «de facto» de la gestación subrogada y de sus consecuencias en España, sancionando de forma expresa su práctica, reformando las normativas necesarias para prohibir y sancionar a todo aquel que realice actos o contratos de intermediación en España de gestación subrogada. Y qué decir de las agencias mediadoras que se publicitan o que realizan contratos de intermediación, porque ninguna de ellas se ajusta a la ley reguladora de las técnicas de reproducción humana asistida. El Ministerio Fiscal debería perseguir de oficio la actividad de los promotores con finalidad comercial de la maternidad subrogada y a quienes intermedien u ofrezcan servicios, en relación a ese tipo de contratos.
La Unión Europea y los organismos internacionales deberían llegar un consenso internacional con el fin de prohibir la gestación subrogada con carácter universal «para evitar abusos y vulneración de derechos de los más vulnerables».