De lo dicho por Donald Trump en su primer discurso tras la toma de posesión como presidente de los Estados Unidos, lo que más nos ha sorprendido posiblemente a los europeos haya sido lo referente al Canal de Panamá, una infraestructura por la que pasa el 5% del volumen del comercio marítimo mundial, que está gestionada desde 1999 por la Autoridad del Canal de Panamá, un organismo del gobierno panameño, amenazando con recuperarlo por la fuerza con la excusa de que se aplican tarifas «exorbitantes» para los buques estadounidenses, aunque lo que no ha dicho con claridad es que el problema es otro, que China está haciendo gigantescas inversiones en el Canal, en sus infraestructuras circundantes y en todo Panamá, está colonizando económicamente un país perteneciente a la zona de influencia de Estados Unidos.
Desde 1997, dos de los cinco puertos adyacentes al canal, situados en los lados Pacífico y Atlántico respectivamente, han sido operados por una filial de una empresa china. De octubre de 2023 a septiembre de 2024, China representó el 21,4% del volumen de carga que transitó por el Canal de Panamá, lo que lo convierte en el segundo mayor usuario después de Estados Unidos. La explotación de estos dos puertos ofrece a China una gran cantidad de información estratégica potencialmente útil sobre los buques que transitan por la vía navegable que sería muy útil en caso de guerra en la cadena de suministro.
Las empresas chinas, tanto privadas como estatales, también han reforzado su presencia en Panamá mediante inversiones de miles de millones de dólares, entre ellas una terminal de cruceros y un puente que se construirá sobre el canal. En 2017, Panamá rompió lazos diplomáticos con Taiwán y estableció relaciones formales con China, lo que supuso una importante victoria para la diplomacia china. Meses más tarde, Panamá se convirtió en el primer país latinoamericano en unirse a la iniciativa china Belt and Road, un proyecto mundial de infraestructuras e inversiones valorado en un billón de dólares.
China ha ampliado lentamente su poder blando abriendo su primer Instituto Confucio en el país y concediendo una subvención para construir un ferrocarril. Las empresas chinas también han patrocinado «cursos de formación en medios de comunicación» para periodistas panameños. Generaciones de familias chinas también se han ido asentando en el país. Lo de China en Panamá es una auténtica invasión silenciosa.
Hagamos un poco der memoria. Tras un intento fallido de construirlo por parte de Francia, Estados Unidos se hizo con los derechos para llevar a cabo el proyecto de la construcción del Canal de Panamá, por lo que desempeñó un papel fundamental en la construcción y administración del paso, que une los océanos Atlántico y Pacífico. La construcción del canal concluyó en 1914 y permaneció bajo control estadounidense hasta 1977, cuando el presidente Carter firmó un tratado para ceder gradualmente el canal a Panamá, decisión que muchos en su día calificaron de insensata. Desde 1999, la Autoridad del Canal de Panamá, que es propiedad del gobierno panameño pero opera independientemente de él, tiene el control exclusivo de las operaciones de la vía interoceánica.
Y lo más importante, los tratados firmados por EE.UU. y Panamá estipulan que el canal permanecerá permanentemente neutral, pero EE.UU. se reserva el derecho de defender cualquier amenaza a la neutralidad del canal utilizando la fuerza militar en virtud de este acuerdo. A esta cláusula podría acogerse Trump y recuperarlo para E.E.U.U. por las armas si fuese necesario.
Una ilusión fallida