TV3 no es una televisión pública, es una TV separatista pagada con dinero público y que sistemáticamente ofende a una parte importante de quienes la sufragan con sus impuestos. Desde Vox se dijo que habría que cerrarla, yo voy mucho más lejos, ese edificio habría que demolerlo, para evitar así, que en un futuro próximo llegue al gobierno el maricomplejines de turno amante de la moderación o mejor dicho, de la rendición y se lo devuelva a esos sacos de odio separatista que la controlan actualmente.
Lo último ha sido, la emisión de un “sketch” blasfemo sobre la Virgen del Rocío que ofende gravemente a los católicos españoles y de toda la Cristiandad, emisión que ha conseguido que el ayuntamiento de Almonte (Huelva) haya mostrado su absoluto rechazo denunciando la “grave falta de respeto al municipio de Almonte y a los cientos de miles de devotos de la Virgen, así como un ataque injustificado y de mal gusto que merece la más enérgica repulsa”.
Desde ese Ayuntamiento han exigido al programa y a la cadena unas “disculpas públicas y la retirada de estas imágenes para reparar, en la medida de lo posible, el daño realizado a las muchas personas que se han sentido gravemente ofendidas por este lamentable espectáculo”. Por su parte, el portavoz de VOX en el Parlamento de Andalucía, Manuel Gavira, ha considerado “una ofensa que se utilice el dinero público en TV3 para denigrar no sólo a los creyentes católicos, sino a todos los andaluces”.
Los separatistas lo justifican mediante la libertad de expresión, pero amparándose en el humor no pueden faltarle al respeto a los católicos y devotos de la Virgen del Rocío, y no solo burlarse de los andaluces, ya que quisiera recordar que, de esas 125 hermandades del Rocío, las hay en Bruselas, Ceuta, pueblos de Madrid y en muchos otros lugares de España y del mundo.
Hasta el obispo de Huelva ha lamentado las «provocaciones» de la parodia en TV3 de la Virgen del Rocío mediante un comunicado oficial de la Diócesis en el que dice, entre otras cosas, que “El derecho a la libertad de pensamiento y expresión, reconocido en la Declaración Universal de los Derechos del Hombre, no puede implicar el derecho de ofender el sentimiento religioso de los creyentes. Principio que vale obviamente para cualquier religión”.
No hace falta decir que, Sánchez y su Gobierno, no han dicho ni pío al respecto, pues TV3 es la tele de unos de sus principales socios, esos que le mantienen en su palacio.