Este pasado martes, durante el discurso que pronunció por vía telemática ante el Congreso de los Diputados, el presidente de Ucrania, Zelenski, comparó los efectos de la guerra en su país con el bombardeo de Guernica (Vizcaya) en abril de 1937. Una comparación muy desafortunada, pues los llamados daños colaterales de un bombardeo aéreo no se parecen en nada con el asesinato premeditado de civiles en un territorio que previamente has invadido, como hace el Ejército ruso. Una pena que el dirigente ucraniano haya echado mano de la versión de quienes han reescrito la historia basándose en la propaganda y la desinformación difundida en su momento por el bando perdedor, y ahora, por quienes nos gobiernan hoy en día, sus camaradas del presente.
Ha quedado demostrado, que las víctimas mortales por el bombardeo de Guernica no llegaron ni a 150, 126 según Jesús Salas Larrazábal, una cantidad muy similar a las que produjo el bombardeo del bando republicano en Cabra (Córdoba) el 7 de noviembre de 1938. Aunque el mayor genocidio de la guerra -unos cinco mil asesinatos en Paracuellos del Jarama (Madrid) en noviembre de 1936- es ignorado por muchos, a pesar de su evidente parecido con las matanzas actuales en Ucrania.
Pero lo que demuestra que lo de Ucrania tiene poco que ver con lo de Guernica, es que las tropas del bando nacional que ocuparon el pueblo no asesinaron a ni un solo civil. Y para más inri, al conocer Franco los efectos del bombardeo, prohibió a las aviaciones, italiana y alemana, que llevaran a cabo acciones similares.
Hay que resaltar, que los servicios de traducción contratados para tal efecto, han sido de tan mala calidad, que se puede afirmar que hizo casi ininteligible el discurso. Ni para eso valen.