Cuando el principal partido
de la oposición, el PSOE, se dedica por una parte, a mostrar su disconformidad
porque el Gobierno presenta querellas por incumplimiento de sentencias, o por
otra, se dedica a apelar machaconamente al dialogo sin apostillar que sea
siempre respetando la legalidad, cuando eso ocurre, es que todos tenemos un
problema.
Muchos tenemos la sensación,
de que la llegada de Pedro Sánchez tras la ida de Rubalcaba, no se ha
convertido en ningún plus para el PSOE, por el contrario, en algunos de sus
comportamientos empezamos a ver un fenómeno que empieza a parecerse al que protagonizó
Zapatero, en resumen, no es en absoluto fiable.
Y el PSOE se comporta así cuando
Rajoy está en sus horas más bajas. Para juzgar a Mariano Rajoy es necesario
mirar al pasado y darnos cuenta de la España que se encontró, un sistema
financiero en quiebra, un déficit disparado, una cifras de desempleo bestiales
y totalmente descontroladas, la prima de riesgo en los 500 puntos y un “rescate”
a la vuelta de la esquina que los expertos daban por inevitable.
Rajoy y su Gobierno
decidieron apostarlo todo en arreglar la economía, evitó que nos rescataran y
los números macroeconómicos mejoraron ostensiblemente, eso sí, a costa del
sacrificio de muchos ciudadanos, y a costa de sumir a muchos ciudadanos en la
penuria. A lo que hay que sumar el incumplimiento de la mayoría de sus promesas
electorales, que ha conseguido cabrear muy mucho incluso a sus incondicionales.
Como todo el sufrimiento ha
recaído sobre los ciudadanos, el hecho de que la economía doméstica aún no haya
notado esa mejoría, junto con la galopante corrupción que sufrimos hace que en
ese caldo de cultivo prospere, tanto el separatismo como el populismo.
Que nadie dude, que en otra
coyuntura, ni Mas se hubiera atrevido a hacer lo que está haciendo, ni el
mensaje de Podemos habría calado en tantos ciudadanos. El separatismo
totalitario y excluyente que se da en Cataluña es puro fascismo, y por otra
parte, quienes recurren a la manifestación callejera como expresión máxima de democracia,
proclamando el asambleísmo, en el fondo recurren a formas trasnochadas que
fracasaron hace mucho tiempo.
Hacer política es
solucionar los problemas y combatir las ilegalidades, desde la racionalidad y
el sentido común, no regirse a raja tabla por los dogmas de una supuesta
ideología, instalándose en el extremismo y la crispación.
