Lo de hoy en día, nada tiene que ver con esas justas reivindicaciones que llevan reclamando las mujeres desde que aquellas valientes sufragistas decidieron dar un paso adelante y pedir lo que en justicia les correspondía. Nada le puedes discutir a una mujer, cuando pretende lograr la igualdad de derechos, en todos y cada uno de los aspectos, de su peripecia vital.
Muy pocos españoles, hombres o mujeres, no están en el repudio a toda discriminación por razón de sexo, y por ello, a todo privilegio por la misma causa. Cada vez más españoles, estamos en pie de guerra contra ese hembrismo que solo pretende cambiar el signo de esa discriminación.
La ministra de Igualdad, Irene Montero, es podemita, y su doctrinario no es otra cosa que la absoluta degeneración del feminismo clásico, apropiándose y degradando su propio nombre y su principio esencial. Esa que llegó a ministra gracias a que así lo quiso su pareja, lidera una corriente ideológica, extrema, sectaria y liberticida, que pretende imponer un delirante y opresor sistema de pensamiento único y de sumisión obligada a sus doctrinas.
Desde el Gobierno, pretenden imponernos por ley la desigualdad, fomentar la discriminación, alentar la confrontación y criminalizar por pertenencia a un sexo, y lo hacen, financiando a todo un ejército de sanguijuelas odiadoras. Son tan excluyentes y opresoras, que han establecido una feroz censura, que tacha de delito cualquier opinión que las contradiga, marcando como “facha” a todo aquel que no se someta a sus designios.
El garante de la Prostitución sigue de vacaciones.