El coronavirus se está
convirtiendo en nuestra gran bestia del último siglo, en algo que va a afectar
tremendamente a nuestra economía, a nuestra política y a nuestra sociedad. La
OMS lo ha declarado pandemia. Políticos, medios de comunicación y ciudadanos,
no hablan de otra cosa.
Seguro que venceremos al
virus, pero su herencia será terrible, como si no tuviésemos bastante con la
recesión en la que España estaba entrando y con la crisis nacional frente al
separatismo.
Nos dijo Sánchez, que el
Gobierno “hará lo que sea, cuando sea y donde sea”. Pero desde el principio,
nuestras autoridades despreciaron la amenaza y dijeron que tal vez habría algún
caso aislado, y nada más. En cambio, tras el 8 de marzo, se ha declarado el
Estado de Alarma. Pero la pregunta es ¿habrá Estado de Alarma o 17 Comunidades
Autónomas en alarma? El coronavirus está poniendo en evidencia lo ridículo que
es tener 17 sistema sanitarios. Y lo digo, porque España está prácticamente
entregada a esos, inútiles y voraces, engendros prescindibles denominados CCAA.
El doctor Sánchez no ha
querido responsabilizarse de la manifestación del 8 de marzo, y ha llegado a
decir que la decisión de que saliese la marcha feminazi estuvo marcada en todo
momento por la ciencia y los expertos, es decir, él lo decidió.
Para socialistas y
comunistas, la ideología es más importante que la salud, por eso, el gobierno
en ningún momento quiso suspender las manifestaciones pese a que tres días antes
de la marcha los casos de contagio por coronavirus empezaban a dispararse. Madrid
ya registraba 1.000 casos, dato que nos ocultó premeditadamente el gobierno. Hablamos
de una manifestación que se prolongó durante cuatro horas, tiempo suficiente
para contagiarse un buen número de personas, aunque la mayoría de las
participantes ya venían contagiadas ideológicamente de casa.
Misteriosamente el domingo
por la noche, cuando se acabó la manifestación, se produjo un cambio de
situación y los contagios por coronavirus por fin empezaron a ser preocupantes
para este irresponsable gobierno. Antes de la manifestación y durante la misma
lo importante era la ideología. Pero Fernando Simón, director del Centro de
Emergencias y Alertas Sanitaria, confesó que el gobierno sí disponía de información
sobre la propagación del virus horas antes de la marcha ideológica. Esa
confesión, debería ser suficiente para destituir a Sánchez y a su banda, y por
supuesto, sentarlos en un banquillo, pues su prioridad ideológica, ha costado y
va a costar, muchas vidas.
Alemania, antes que ninguna
otra nación de nuestro entorno, decidió no exportar material médico. Para
Alemania lo primero son los alemanes. Sin embargo, la China comunista acordó el
envío de 1.000 respiradores a Italia, 200.000 mascarillas y un equipo de
expertos médicos como gesto diplomático, e irá enviando más material sanitario
conforme en la propia China se vaya venciendo al coronavirus. Aquí, en cambio,
nuestro gobierno, ni pidió ni le envían, hemos perdido un mes y medio que nos
costará muy caro en vidas.
Nos esperan meses de
incertidumbre, nacional e internacional. Nunca hemos vivido algo así y tal vez,
lo peor no sea un virus que puede ser perfectamente neutralizado con una
vacuna, sino las consecuencias que deje a su paso. Para que se imponga más el
realismo político y menos ideología, hay que acabar antes con este Gobierno.
