Ha pasado una semana desde
que la Justicia dictó la sentencia de los ERE, y desde entonces, Pedro Sánchez,
guarda un silencio culpable. El que nos hablaba de regeneración y de lucha
contra la corrupción, embestía contra la del Partido Popular con una gran
fuerza, ahora, como la corrupción es en su partido y cien veces superior, se
convierte en el adalid del latrocinio.
Pero es que, además, tres de
sus ministros, Planas, Montero y Calvo, eran compañeros de los condenados, eran
cabezas secundarias de esa hidra que dirigía la Junta de Andalucía y que creó
el entramado criminal necesario para saquear las arcas públicas andaluzas. Los
tres se han apuntado al mutismo de su capo.
Pero hay otro silencio, que
por lo menos a mí me escandaliza aún más si cabe, es el de Pablo Casado, pues
el jefe del partido de la oposición, en vez de dar un paso adelante con el
“cuchillo en la boca” dispuesto a hacer sangre, guarda un sospechoso silencio.
Todos nos acordamos con la dureza que el PSOE, toda la izquierda y casi todos
los medios, esos que controlan, atacaban al PP por su corrupción en casos como
Bárcenas, Gurtel o los trajes de Camps. Casado parece olvidar que, los ERE
equivalen a 17 Bárcenas, 35 Gurtels o 12.000 trajes, y pese a eso, mantiene una
pasividad, posiblemente fruto de su cobardía. Si Sánchez calla por su,
manifiesta y conocida, falta de vergüenza ¿Casado por qué otra cosa puede callar?
Con semejante actitud,
Casado, lo único que va a conseguir es que la hemorragia de votantes hacia Vox
prosiga. Recordemos, que los de Abascal, nada más hacerse pública la sentencia
se pronunciaron con la contundencia que esperaban esa mayoría de españoles que
no son de izquierdas.
