Hasta nuestros tribunales se han pronunciado a favor de la devolución “en caliente” de todo aquel que entre en territorio español de manera ilegal. Pero nuestro infame Gobierno no utiliza esa solución, prefiere llenar Canarias de carpas y tiendas de campaña, prefiere que el archipiélago se convierta en un enorme campo de concentración al estilo de Lesbos o de Lampedusa.
Resulta lógico y razonable que, desde el presidente de Canarias hasta la alcaldesa de Mogán, acusen a Sánchez y a Marlaska, de falta de lealtad institucional, de engañarles. Toda Canarias sabe que se encuentran en una complicada encrucijada, o se actúa de inmediato y se devuelve al continente africano a los ilegales, y Canarias sigue siendo un destino turístico de primer orden, o se convierte en un “vertedero” al que nadie querrá ir de vacaciones.
El presidente del Partido Popular, Pablo Casado, sin duda aconsejado por su “centrista” núcleo de confianza, ha viajado a Canarias con la intención de entrar en el muelle de Arguineguin, esa zona cero de la crisis donde se hacinan los inmigrantes ilegales, con la idea de hacerse esa perseguida foto “progre” que le ayudaría a marcar distancias con Vox. Su gozo en un pozo, pues la Delegación del Gobierno no le ha permitido acceder al muelle siguiendo instrucciones de Moncloa. Supongo que como Sánchez no ha aparecido por allí, no querrá que Casado le robe protagonismo.
Y lo más curioso, mientras Casado jugaba al oportunismo y a la demagogia, Vox de Canarias, al igual que en toda España, consiguiendo y repartiendo comida a algunas de esos cientos de miles de familias españolas que empiezan a pasar hambre.