No tengo ninguna duda de que hay que poner freno a la inmigración irregular con medidas que eviten la entrada masiva de inmigrantes ilegales. Y hay que hacerlo tomando decisiones claras y rotundas, legislando en el ámbito penal, administrativo y civil; y por supuesto, eliminando las subvenciones o ayudas a quienes entran en nuestro territorio nacional ilegalmente, ya que eso hace de efecto llamada. Es imprescindible apostar por una inmigración legal y controlada, adaptada a las necesidades de España y con capacidad y voluntad de adaptación.
Por todo ello, entiendo que la intención del Gobierno de construir un nuevo Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes (CETI) en Algeciras (Cádiz), haya contado con el rechazo de todos los partidos y colectivos de la localidad, hasta del PSOE local, entendiendo que las consecuencias pueden ser terribles, sobre todo, para la convivencia y para la seguridad.
Hay que tener en cuenta, que se trataría de un centro mucho más grande que el de Melilla, destacando que mientras un CIE es una especie de cárcel, un CETI es un centro de puertas abiertas: los inmigrantes tienen total libertad para entrar y salir cuando quieran y no cuentan con un límite de estancia en el país. Los algecireños pueden imaginarse lo que significaría que durante 24 horas al día deambularan libremente por sus calles “manadas de depredadores ociosos”.
Es lamentable que mientras, el Gobierno de España y las élites europeas, imponen políticas contrarias a la familia y al aumento de la natalidad, apuesten por la llegada de millones de inmigrantes ilegales procedentes de culturas incompatibles con la nuestra, culturas que tienen en su ADN, por ejemplo, denigrar a las mujeres.